martes, 27 de diciembre de 2016

A Juan, mi hijo

Querido hijo 
mi oro y mi plata son mi palabra 
y ella te doy, 
con el tiempo del mundo 
con la conciencia más vieja, 
con algunas estrellas 
para que no temas al camino. 

Querido hijo 
mi corazón invisible y fiel es mi palabra 
y ella es a tu propósito, 
mi inocencia libre para que confíes en todo 
mi cuidado ligero 
para que avances con pasos más lentos. 

Querido hijo 
yo te quiero como si fuera tu alma, 
y quizá lo soy como un trago de agua fresca, 
mi palabra tolerante siempre orgullosa de ti 
mi palabra de respeto y de confianza, 
mi palabra sin pretender que te asombres. 

El último día del año 
también es tu cumpleaños, 
el último y el nuevo 
para que el recuerdo de las heridas 
te conviertan en hombre, 
el último y el primero como un logro a conquistar, 
el último y el primero para soltar tu recompensa. 

Querido hijo 
tú eres lo bueno aunque yo no lo diga, 
tus secretos me hacen padre 
tus intimidades me preparan para verte crecer 
¿crecer? Sí, la contundencia de tus veinte años 
avanzan por tu vida y por la mía. 

Querido hijo 
te pido perdón por no haber sido mejor, 
por cometer tantos errores 
intentando reparar los errores cometidos, 
mi amor por ti tiene criterio propio 
y a veces sus principios son un grito, 
un solo grito escuchado en cada palabra que te digo. 

Querido hijo 
tu vida es tuya a partir de ahora y yo soy testigo, 
si algún día necesitas un copiloto 
simplemente tiende la mano, 
yo aprendo y crezco contigo, 
querido hijo yo te respeto 
hasta el detalle más simple. 

Querido hijo 
¡que tus sueños se hagan sueños 
y soporta la verdad! 

Marcelo, tu Papá. 

lunes, 26 de diciembre de 2016

No voy a decirles Feliz Año

Año viejo 
año nuevo 
la misma vida 
que no es fantasía sino sueño, 
un mundo que no deja de rodar 
y entre ruedos nos da valor, 
una promesa que es fe 
en el presente y es fuente. 

Año viejo 
año nuevo 
el mismo error y la misma confianza 
como un hilo de luz, 
una poesía en el blanco lienzo 
que no se detiene en el tiempo, 
una reflexión para sentir cada tanto 
como un buen amigo. 

Año viejo 
año nuevo 
el mismo deseo sencillo y cotidiano 
pero con los ojos, 
la misma corriente 
mientras el alma duerme, 
como la ley del dharma 
que nos habla de nuestro único talento. 

Año viejo 
año nuevo 
el mismo poder que podemos hacer mejor. 

No voy a decirles Feliz Año ¿qué diferencia hay? Si el espacio no cambia y el tiempo es muy parecido al de ayer, si lo que existe coexiste y la experiencia siempre es hoy y ahora, si el mismo reloj nos examina. Voy a compartir con ustedes mi deseo: Que nos volvamos conciencia única con el paisaje, que el amor sea la verdad última en nuestro corazón, que la misma corriente nos recorra con un mismo hábito, el de reinventarnos como la desnudez del agua. 

No voy a decirles Feliz Año: Que todo fluya así como una hoja y otra hoja y en medio, la idea del viento. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 

viernes, 23 de diciembre de 2016

Navidad

La Navidad, 
un día igual al resto de los días 
pero también muy distinto, 
el mismo pájaro 
pero por un camino distinto, 
la misma flor con una mirada distinta, 
es que la Navidad no es lo que es sino lo que soy, 
una llave para reescribir mi nombre hasta que rime. 

La Navidad, 
un día de mercados abiertos 
que ya quisiera más distinto, 
que llegue distinta la sorpresa que espero 
con trazos invisibles en las paredes, 
con sonrisas inapagables, 
que sea distinta la franqueza 
porque no quiero ser el que olvida, pero sí el que cambia. 

La Navidad, 
un amor que viene y que va 
con la bonanza de una lluvia fértil 
¿pero qué hay del resto de los días? 
¿Por qué la ciudad no puede ser más que una estatua 
un par de días al año? 

Deseo con fervor que esta Navidad 
la calma nos espere 
como espera el viento a las ramas, 
como espera el cielo el trueque 
de la soledad por la llama. 

¡FELIZ NAVIDAD Y QUE DIOS LOS BENDIGA! 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 

jueves, 22 de diciembre de 2016

No puedo explicar

No puedo explicar por qué escribo, 
es lo mismo que intentar responder 
el por qué estoy vivo, 
tan sólo siento que estoy 
en un interminable viaje de iniciación, 
una energía me irradia su fervor y 
me lleva a aceptar que no puedo más que escribir. 

Un aliento vivo aquí, 
un murmullo de hilos más allá, 
y la propia experiencia dotando de significado a cada poema. 

A veces de mañana 
otras de tarde, 
días en que los días completos son romances, 
y yo escribo a mi territorio interior palabra a palabra. Yo sé 
que todo lo que existe tiene su nombre pero para mí 
ese nombre tiene infinitas formas, 
sombra y huella que al mismo tiempo exigen la existencia. 

Mis palabras 
mi centro, 
mi orden que me salva de la realidad, 
no hay azar que no me quiera contar 
yo no elijo la poesía ella me elige, 
la poesía es esa flecha que se arroja directa 
a mi lengua y a mis dedos. 

Estoy despierto pero no del todo, 
existe un ritmo en mi destino 
que me encadena a otras palabras, 
palabras cotidianas inclinadas hacia adelante, 
hacia un aire no contaminado 
hacia una conciencia de suelo fértil. 

Mis versos cobran vida 
en la vida de cada lector, yo lo siento, 
la poesía es acercamiento 
mientras una hoja blanca merodea sin decidirse. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 



Me llamo poesía

Me llaman poesía, 
porque mi silencio 
me va matando poco a poco, 
porque no encuentro calma 
entre las lágrimas de mi alma, 
porque no hay mar ni cielo 
que pueda llevarme lejos. 

Me llaman poesía, 
porque mientras la lluvia rompe 
yo escucho al viento, 
porque la noche 
me contagia con su cuerpo, 
porque tengo agujeros 
en donde te propongo encontrarnos. 

Me llaman poesía 
porque rezo despacio mis sueños, 
porque con andrajos me visto 
y no tengo miedos, 
porque tengo un solo pensamiento 
que se repite por lo intenso: 
una voz de colores suspendidos y blanco aliento. 

Me llaman poesía, 
porque no te conocí la primera vez 
en el rincón aquel, 
porque me equivoqué: No era esa puerta 
tu puerta sino el poder, 
porque a mí mismo descubrí en el tiempo 
como un arquitecto propio. 

Me llaman poesía, 
porque todas las cosas me avisan 
como un arroyo desbocado, 
porque a la muerte siento en mi espalda 
como un balcón de balcones, 
porque imagino al suelo idéntico al agua: 
Una caricia, una palabra. 

Me llamo poesía, 
tengo mis ojos adentro de mi mirada. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 

martes, 20 de diciembre de 2016

Tres libros


MOEBIUS




Si quieres poemas distintos aquí está tu libro,
MOEBIUS es un libro que trasciende la pasión,
un libro en que el autor te inspira
su confianza y compromiso,
un libro de buenos comienzos reales.

MOEBIUS es más interesante
que cualquier noticia actual,
MOEBIUS es el mejor regalo.
Si crees que aún hay cosas no dichas
MOEBIUS te cambiará la vida,
como cambia la aceptación del amor infinito,
como el principito inigualable que enseña su secreto.
Una conversación en versos es MOEBIUS,
de los sueños
del azar
y de una mejor persona en el alma.
Con el prólogo de la Lic. Marcela Bricca
Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre

viernes, 16 de diciembre de 2016

Marcela, un prólogo




Quizá no tenga que dar las gracias porque una vida juntos es de por sí un agradecimiento, pero mi voz por ella provoca una gama de matices: Sentimientos y pasiones, poemas de secreta seducción que suspiran entre rendijas. Marcela expone en MOEBIUS su manifestación de luz, un prólogo, un argumento declarado y consciente que hace de esta obra un todo.
Honrado me siento como lector de este gozo, de esta historia de la historia elegida por este autor. Marcela es mi poema interior con el asombro de cierta inocencia, Marcela es la suave tibieza vuelta fuerza que invita a MOEBIUS a trazar senderos, como cae una tenue llovizna entre nostalgias e interrogantes.
Su prólogo habla de amor y aprendizajes, a veces el mismo amor y su presencia, una victoria de a dos.
Marcela, te amo más allá de las palabras.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Poema en tres libros







Poema en tres libros 
como una una vida pensada, 
un poeta leal y apasionado 
como un aguacero, 
un camino entre espejos 
y atrás el aire, 
una boca puesta en una gota de sangre 
que se derrama. Poema en tres libros 
como un árbol ante el paso del mendigo. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 

Una historia de amor distinta

     Aquella noche junto al fuego, Isabel recordaba el tiempo en que sus hijos eran pequeños y ella, como en esa ocasión, solía sentarse a tejer con la tranquilidad de saber que todos dormían arropados en sus camas, y con el beneplácito de haber cumplido con la tarea diaria de ser madre; la que no era menor a cualquier otra ocupación que una mujer moderna pudiese desempeñar. 
     De pronto, recordó su niñez triste y solitaria signada por la orfandad que le causaran: el abandono de su madre y la posterior separación de su padre y de sus hermanos; cuando aquella familia la trajera del campo a la ciudad. 
     Con tan sólo doce años, llegaba a Córdoba al amparo de un matrimonio apenas conocido por ella, que le brindaba un hogar; pero cuya abnegada solidaridad encubría un propósito mucho más práctico.      La señora Funes estaba embarazada de su segundo hijo e Isabel sería en poco tiempo la niñera de la casa. Conforme ella iba creciendo, las responsabilidades aumentaron y la dedicación que brindó a aquellos pequeños, que la vida había puesto a su cuidado, nunca le dejaron ver que su tarea era muy mal paga. Tampoco se percató del excesivo trabajo que esta labor le demandaba. El cansancio se atenuaba con el amor casi fraternal, que con el correr de los años fue desarrollando hacia esos niños, que pronto dejarían de serlo. Momento en el que la familia agradeció gentilmente sus servicios y, apelando a su buena voluntad y a los nobles sentimientos que en ella se habían arraigado para con todos y cada uno de los Funes, le expusieron una serie de argumentos en torno a supuestas penurias económicas por las que estarían atravesando, con los que la invitaban a retirarse de la casa. Esta gestión resultó lo suficientemente diplomática como para hacer que Isabel, con tan sólo dieciocho años cumplidos, agradecida eternamente de una generosidad inexistente, se marchara para buscar nuevos caminos, sin hacer el menor reclamo. 
     Ella, apenas había terminado la escuela primaria, y el único oficio que había aprendido había sido el de ser niñera; esto la llevó a ocuparse en otras casas. Y así cuidó a otros niños siempre con el mismo compromiso y dedicación, lo que generaba en ella vínculos indisolubles con cada familia; por eso cada vez que concluía su permanencia en cada uno de esos hogares, ella debía realizar un nuevo duelo que recreaba el dolor del propio desapego familiar. 
     Ahora en la soledad de la casa vacía, sólo el crepitar de los leños ardiendo, irrumpían en el silencio de sus hondas cavilaciones de remembranza. La memoria suele ser en ocasiones el diario íntimo más noble para aquel que escribió su vida en el arrullo de sus recuerdos; y el olvido, el más cruel castigo que puede coronar la vida de una persona memoriosa. 
     Desde hacía algunos meses, su esposo, con quien había compartido cincuenta años de su vida, era víctima del Alzheimer, enfermedad que aísla a los pacientes en una soledad incomprendida, pero que además castiga al resto de la familia con las consecuencias del olvido progresivo e irreparable. 
     La soledad empezó a convertirse en su más fiel compañera, pero ella había aprendido a llenar esos espacios vacíos que iban dejando los seres queridos ausentes con los recuerdos de otros tiempos; sin embargo, afrontar la enfermedad de su marido, la obligó a vivir en un proceso de desarraigo, mientras aquella memoria se iba apagando paulatinamente hasta extinguirse junto a su vida. 
     El día del funeral de su esposo, también estuvo sola. La compañía de sus hijos no había sido más que una fugaz visita de cortesía. Ellos a su modo vivían el duelo sin detener el ritmo habitual de sus ocupaciones laborales. Y estas, tampoco les permitieron quedarse para acompañar a su madre algunos días después de la ceremonia de inhumación. 
     Isabel justificaba las esporádicas visitas de sus hijos, como lo hace toda madre; pero el silencio de su casa, en la soledad de aquel pueblo retirado en el que habían decidido residir, ella y su esposo, luego de jubilarse comenzaron a pesarle cada día más. 
     Una mañana decidió ir al geriátrico, que se encontraba a pocas cuadras de su casa, para averiguar qué requisitos debía cumplir para que la recibieran como residente permanente; pero amablemente una secretaria le había informado que necesitaba el consentimiento de uno de sus hijos, quien sería su responsable legal ante la institución. Ella sabía que sus hijos no avalarían su decisión, porque hacerlo sería como aceptar la culpa de un abandono que socialmente podía propinarles algunos reproches de parientes y amigos; e Isabel, lejos estaba de querer incomodarlos de alguna manera. 
     Entonces, fue cuando comenzó a girar en su cabeza la idea de ir al geriátrico para visitar a los abuelos allí internados, que al igual que ella no veían a sus parientes con frecuencia. Es increíble como la voluntad de algunas personas siempre encuentra propósitos para sostener una vida. Así, Isabel ocupó sus tardes, haciendo feliz a muchos ancianos de su pueblo, a la vez que le daba un nuevo sentido a su vida. Puso mucha abnegación en aquella tarea, al igual que en todo lo que había hecho durante su vida. Cada día, preparaba alguna torta o unas galletas para compartir unos mates con sus nuevos amigos; los que la esperaban gustosos, porque también ellos habían encontrado en su compañía un motivo que renovaba sus ganas de vivir. 
     Hasta que un día, ya no tuvo fuerzas para salir de su casa. La edad había avanzado sin que ella lo notase, y ahora sentía temor de caminar sola por las calles; sus piernas le pesaban cada vez más y ciertos mareos la llenaban de inseguridad. Tampoco entonces quiso importunar a sus hijos. “Para que avisarles, se van a preocupar y estos achaques de la edad no tienen importancia, pronto pasarán”. Pero en el fondo sabía que aquello no era transitorio, y sintió entonces cuanto puede pesar la edad y sus consecuencias en aquellos que tienen tantas ganas de hacer cosas. 
     Sus amigos del geriátrico comenzaron a preocuparse por su repentina ausencia y sin dejar pasar el tiempo, le pidieron a Elena, una enfermera del lugar, que al concluir su turno pasara por casa de Isabel para que averiguase los motivos que habrían ocasionado la interrupción de sus visitas. Ellos la extrañaban tanto y le debían tantas horas colmadas de agradable compañía, que necesitaban hacerle saber a Isabel que estaban pendientes de ella, porque la gratitud que el afecto provoca en las personas mayores genera lazos indisolubles. A partir de entonces, Elena sería la encargada de mantenerlos en contacto. Aquella tarde, Isabel, tras explicarle los síntomas que sentía, le pidió que pasara algunos días por allí para enviarles con ella algún dulce o alguna torta a sus amigos, como un modo de hacerles llegar su cariño a pesar de las circunstancias. 
     Sin embargo, ya nada era lo mismo. Elena pasaba dos o tres veces por semana, pero eran muy largas las horas de soledad y silencio. Fue entonces, cuando a comienzos del invierno, la escuchó por primera vez. Era la voz de su esposo que le hablaba, hasta que ella se atrevió a responderle y así iniciaron un ciclo de charlas en las que revivían esos recuerdos memorables: el noviazgo, los primeros años de casados, la niñez de sus hijos, la llegada de los nietos, y tantos otros. Y una noche, él la invitó a dar un paseo que los llevaría a esa morada definitiva, donde volverían a renovar ese “para siempre” del amor compartido durante tantos años. 
     Al día siguiente, Elena, encontraría a Isabel en su cama, con esa tranquilidad en el rostro que sólo pueden tener aquellas personas a las que la muerte las arropa como un niño en el regazo de su madre, porque han sabido dar tanto amor que la vida les pide permiso para salir de ellas. 

Marcela Edith Bricca nació en Córdoba, Argentina el 20 de junio de 1967. Profesora de Lengua Castellana Literatura y Latín, título obtenido en el Instituto Simón Bolivar de la Provincia de Córdoba. Licenciada en Letras por la Universidad Católica de Córdoba. Actualmente dicta clases de Lengua y Literatura y de Lengua y Cultura Latinas en el Colegio Nacional de Monserrat y en otros establecimientos de la Provincia. Adscripta a la cátedra de Literaturas Comparadas en la Universidad Católica de Córdoba. Investigadora del área letras del centro de investigaciones María Saleme de Burnichon de la Universidad Nacional de Córdoba. 

Palabras a mi mujer, Marcela Edith Bricca 

En un mundo en donde todo sucede demasiado rápido, leerte es una de esas cosas bellas que se prefieren. Te amo y te admiro con el verdadero concepto del amor en todos los sentidos. Marcelo Roberto Galán Capel. 

Moebius, Ana y El amor del que todos hablan

Porque un libro 
es fuerza y alimento, 
un vacío abierto en los ojos, 
un hondo silencio 
apresurado en el aliento, 
dos a un mismo tiempo: 
El cielo y el infierno. 

Porque un libro de poemas 
comprende que cabe en un verso, 
como se pide un café 
al lado de un enorme ventanal. 

Porque la poesía es y debe ser 
otra mirada posible, 
como un largo pasillo 
que termina dándole nombre a todo. 

Porque un libro 
es un vicio que me da sentido, 
un mundo que se revela en lo que escribo. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre 

martes, 13 de diciembre de 2016

Moebius


Mi tercer hijo literario,
sentimiento variopinto y esperado,
descarado calor traído por el valor
de un corazón artesano,
MOEBIUS es la fuerza 
que ahora ha llegado. 

Mi tercer hijo literario
sin más explicación que el AMOR. 
Gracias Juani,
tu razón rebelde me hizo crecer
hasta ser el padre que soy.
Gracias Marcela,
la vida es la dicha más hermosa al mirarte,
tú eres el amor hecho carne
en mi sierra y mi mar,
en mi alma y mi poesía.
Gracias queridos lectores míos
por los versos que quiero,
por hacer de ellos mis manos
y la libertad a la que estoy obligado,
por corregir mis lugares hasta el vocablo
por precisar el espacio de mis pies descalzos.
Gracias por dejarme creer. 

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre
MOEBIUS (antes EL AMOR DEL QUE TODOS HABLAN
y ANA)

viernes, 9 de diciembre de 2016

Entrevista a mí

¿Quién escribe en mis libros?

Siempre he creído que soy un intermediario, un cauce que sirve de manantial a las palabras, un antojo turbulento de versos vuelto humano, un momento de pasión y poemario. Una constante búsqueda me sustenta y me condena, soy el lugar que me corresponde cuando escribo. Y respecto de quién soy creo que depende del ejercicio, una sensación es mi poesía sin pretensión por la estética.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre 

lunes, 5 de diciembre de 2016

En todos lados

Hay amor en todos lados,
incluso cuando miro el reloj
y me doy cuenta que ya es tarde,
y entonces miro como si
los dedos pudieran alargarse,
como si el interés de mis labios
pudiera acercarme más a las verdades de la vida,
hay poesía en todos y sale por los poros,
si no me crees mira ahora a ese hombre y a esa mujer.

Hay amor en todos lados,
incluso cuando esta mano que escribe se balancea
y me doy cuenta del apuro de las letras,
y entonces escribo como si los versos
no fuesen míos,
como si entre iguales y distintos
mi cuerpo pendiese de una hoja seca
y ésta a su vez de una rama seca también,
si no me crees mira por la ventana, a veces me da por extrañar.

Hay amor en todos lados,
incluso cuando al poeta convido con ratos de lectura.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre  

domingo, 4 de diciembre de 2016

Honestidad

“El acto poético que prefiero es el de la bruta honestidad frente a la hoja en blanco”.
Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre

jueves, 1 de diciembre de 2016

Ya no

No sé lo que pierdo al ganar pero de algo estoy seguro, 
me aferro a lo que siento. El lado bueno de mis lágrimas 
es que valió la pena. No corro, espero las respuestas, 
sentir me da la vida, los sentimientos deben ser sentidos, 
no me gusta estar dormido, ya no. 

Marcelo Roberto Galán Capel 
Tinta de Sangre