miércoles, 15 de julio de 2015

Mi niña invicta

Mi niña invicta

 
No es una sorpresa amarnos, 
la palabra nos integra
como a dedos en los cabellos,
los labios son líneas en la piel,
agua unitiva en lo cotidiano,
nuestro cuerpo calla
para dar lugar al milagro,

no puedo escribir sin oírte,
no puedo desearte
sin que mis ojos te admiren,
eres la voz y el silencio,
un pájaro dando tumbos,
soy un ciego prometiendo un reino,
no es una sorpresa, eres mi niña invicta.

No preguntes por qué te miro así,
es como preguntarle al sol
si siente envidia de la noche,
si supieras la pasión de mi reclamo,
si entendieras lo que guardo
en un beso y un "te amo",
si vieras a las hojas del árbol
como un primer ensayo,

no es una sorpresa
que avances en mis horas
como midiendo al cielo,
doy pasos a este acento,
soy yo mismo
el del amor de tus sueños,
el del libro que hojeas entre tu amor y tu arte,
no es una sorpresa, eres fuego,
estrellas en las nubes de mi tinta.

Mi niña invicta
¿quién eres tú?
¿Dónde estuviste toda mi vida?
A veces pinto tu perfil
como quien diluye la niebla o
para no extrañarte tanto,
tus ojos impetuosos,
tu boca como un ruego,
tu aroma a crepúsculo
todos tus deseos,

no me engaño, siempre te escucho,
es como ese tiempo que fue un rato
nada más y se repite,
ese ángel desde adentro
sin rumbo y sin pasajeros,
esa llamada vida mía
imprescindible para mi poesía,
no es una sorpresa este amor,
si tuvieras que irte jamás partirías.

Mi pecho es un pasillo
ancho y largo lleno de vidrieras,
y en ellas una por vez:
tu nombre,
tu mirada,
tus sueños,
tu calma
tus miedos
tu silencio,
tu alma,

no es una sorpresa amarnos,
yo te quería sin mover los cristales.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre
Namaste

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