viernes, 5 de junio de 2015

Ni una menos

Ni una menos

 
Ni un fuego que se propaga, 
ni ciertas cosas oscuras
apretadas en el alma,
ni un amor de otra manera
como una espada,
ni una flecha salvaje
disimulada con una palabra,

ni una mujer despeinada por un golpe,
ni un hombre contando orgulloso sus cicatrices,

ni una menos
ni mis manos al dolor.

Ni un amor llorando
como un rapto de sombra,
ni una hora sin luz y sin recuerdos,
ni una injuria levantada como una copa,
como si una tiniebla detuviera la vida
y de pronto huyera la memoria,

ni una mujer en una hoguera desgarrada,
ni un hombre estrellando rencoroso su firmeza,

ni una menos
ni mi ego como una torre al cielo.

Ni un espacio abierto en el viento
para guardar secretos,
ni unos ojos adivinando el golpe y el tiempo,
ni un corazón pobre creyendo que merece
lo que el aire le depara,
ni un túnel habitado sólo con preguntas,
ni respuestas ajenas,

ni una mujer toda vacía,
ni un hombre llenando todo de regalos
para lavar culpas,

ni una menos
ni mi silencio como una enredadera.

Ni un amor imponiendo un mandato,
ni unos zapatos de sangre
con su lección,
ni una razón germinada al miedo
con derechos y creciendo,
ni una caída por la furia
de besos de piedra,
ni una verdad resuelta con lágrimas,

ni una mujer arrastrando vestigios fríos
y voces arrugadas,
ni un hombre siendo tan cruel
de perder la paciencia sin detenerse,

ni una menos
ni mi costumbre de asumir estúpidas muertes.

No me gustan las rosas enmarañadas
ni su triste olor,
pido perdón por estos hombres diminutos
de letras extraviadas,
pido perdón porque también soy uno de ellos:

cuando mi amor no fue puro,
cuando mis paredes permanecieron pálidas,
cuando comenzó el invierno y no te cuidé,
cuando ignoré que estabas cansada,

ni una menos
ni sentirme un vano espectador de los espejos,

ni una menos en singular y plural,
ni una menos.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre
Namaste

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