viernes, 5 de junio de 2015

Era un poeta

Era un poeta

 
Él no hablaba con palabras, 
él escribía miradas en una hoja
y les cambiaba el significado,
él dejaba más que claro
que no le importaba si lo entendías,

él te miraba y sonreía,
él era un poeta sin garantías.

Él contaba lo conocido
reformando la historia,
él era soberano de la duda
y recolector de recuerdos perdidos,
nadie sabía muy bien
lo que hacía en sus noches solitarias,

él escuchaba con coraje el temblor de los árboles,
él moría paciente con las hojas desprendidas.

Él era un poeta de verbos descuidados,
decía que sus manos volaban,
que sus labios guardaban cosas,
que las rosas lo saludaban,
que no había sitio mejor
que los primeros ojos ante el amor,

él dejaba siempre en el mar sus pasos,
él decía que la propiedad privada
era un invento de las paredes.

Él cambiaba de lugar los días de la semana,
el Martes era Jueves,
el Lunes era Viernes y así,
él cruzaba todo el tiempo la vida sin pánico,
sin culpa,
sin olvido,

él huía de los espejos,
decía que eran la soledad del tiempo,
una espiral de humo
donde se esconde la memoria,

él era mezquino, su vida estaba en paréntesis,
él era un poeta en suspenso de los que eligen las nubes.

Él nunca preguntaba nada,
si acaso alguien lo interrogaba
sobre el cómo se sentía,
él respondía sin prisa,
como una última ventana,

él no necesitaba,
encontraba la más perfecta justicia en la inspiración,
su paz interior era la razón,
su pensamiento más puro, sus manos,
él era esa otra orilla sin dueño
como un país que no tiene murallas,

él era un libro que se lee antes del prólogo,
él era un poeta inventado cuando todos eran parte del mundo.

Él no supo de mejor suerte
que escribir de todos modos,
él no creía en la muerte,
él respiraba dos veces justo antes de dormir,
una para recuperar el aliento
y la otra como desafío,

él estaba pulido,
¡sabía de tantos gritos exactos!,
él era un poeta de esos que admiro.

No me preguntes por favor si esta historia es real,
sería como aceptar que sólo la realidad es contable,
digamos, si te parece, que es el amor y yo lo llamé poeta,
amor tras los cristales como una vieja costumbre,
amor sin nombres porque hay poesía en todas partes.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre
Namaste

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