miércoles, 20 de mayo de 2015

Sólo el amor es inocente

Sólo el amor es inocente

 
¿Qué más debo hacer
sino amarte como te amo?,
muriendo en cada caricia
tan pronto como eternos besos.

Ésta es mi historia,
la de un hombre que ama
a una mujer,
intentaré que su esencia
no se pierda en los versos,
ni en las calladas paredes de mi casa
mientras busco las palabras,
ésta es la historia que yo escribo
como testimonio del viento.

El primer día que te vi
no pude permenecer inútil
al aire puro de tus ojos,
fue como si en el rostro
todas nuestras vidas anteriores
sucumbieran de pronto en un manojo de pájaros,
y te abracé lentamente percibiendo tu temblor
y te besé los labios,
y fui el soporte de tus piernas
mientras le pedía a mis ropas permanecer quietas,

y me supe enamorado
desde tiempos lejanos,
y a mi lado caminaba la luna,
eran tus manos dirigiendo mis palabras.

Poco a poco llegamos al balcón
del segundo piso que es donde vivo,
y la pasión se respiró tan profundamente
que la noche fue huésped
hasta de los menores detalles:

una sonrisa satisfecha,
una carta después de un breve paseo,
un silencio interminable invitando a la confidencia,
un suspiro dejando que las cosas ocurran,
¡el amor ya nos sabía de sobra!

La cama pronto entró en celos,
esperaba nuestra presencia,
nos condujo el deseo
la boca
los ojos perdidos,
y la impresión de habernos cuidado
desde siempre,

no conocimos el descanso,
el poco reposo lo acompañamos de entendernos,
fuimos el modo y el tiempo
de prestarnos atención,
nos robamos el corazón y hasta la piel
con intención.

El sueño nos despertó ya tarde
con las virtudes de amantes,
tu boca explorando y mi voz: no pares,
me gustó verte desnuda sin el más mínimo pudor,
soy un hombre a quien el amor estrecha
con su brazo más fuerte.

No sin lágrimas me repetiste
que me dejabas un libro con todas sus hojas en blanco,
para que despacio escribas, dijiste,
con la tinta de tus cabellos,
con la urgencia de nuestras miradas,
con la lentitud del aire
que nos desnudaba,
con el principio de las horas
de aquella primera noche hasta hoy.

Sólo el amor es inocente,
a mí me bastó,
mi poesía comprende que tú eres
la responsable de la fantasía de este soñador.

Marcelo Roberto Galán Capel
Tinta de Sangre
Namaste

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