miércoles, 6 de mayo de 2015

¿Dónde has estado toda mi vida?

¿Dónde has estado toda mi vida?

 
Anoche caminé entre 
los libros de mi casa
y fui a tu interior,
a nuestra cama,
y ahí estaba yo
reteniendo la respiración
sin ver nada,
y ahí estabas tú
conociendo la habitación de memoria,
ese espacio en el que tantas veces
la penumbra nos abrazó.

No estabas despierta
como muchas veces te imaginé,
tu espalda se vestía con las sábanas,
tus brazos sobre tus pechos
y un mechón rebelde de tus cabellos
cubriendo tus ojos,
y yo sentí de pronto
todo el amor
y todo el miedo,
y toda la impaciencia
de arrojarme sobre ti por completo
con la tranquilidad de quien sabe.

Decidí que no había nada que temer,
y lentamente me desnudé
y me acerqué a tu piel,
y me senté al borde
a poca distancia de tu cuerpo
procurando que mi peso se inclinara
suave hasta tu boca,
y pude sentir el calor de tu respiración,
y con infinita prudencia me quedé a tu costado
para no despertarte, esperé.

Escuché el silencio,
hasta que puse una mano sobre tu vientre
como una caricia imperceptible y liviana,
y con la otra mano
intentaba atrapar las palabras
que dormida decías:
¿dónde?,
¿dónde has estado?,
mientras mi boca se abría para buscar
el beso y me apreté más contra ti.

Y entonces sucedió:
tu cintura subió
y se acomodó a mi cuerpo
en los primeros movimientos del amor,
y sentí tu fragilidad como un pájaro,
como un sueño puesto de pie
desesperado de amor encendido.

Yo sentí tu nuevo olor,
tu cuerpo fuerte que no se parecía
a la primera agitación,
tus ojos abiertos de
una caricia recién inventada,
y descubrí por primera vez
que no tenía nada que decirte,
yo te miraba como explorando
tu más secreta intimidad,
yo estaba ocupado en la violencia
prudente del placer,

éramos un hombre y una mujer
apretadamente amantes,
sugestivamente deformados
entre brazos y piernas,

¿dónde has estado? - dijiste,
¿dónde has estado toda mi vida?,
y aprendí entonces que a veces
la muerte se parece al amor.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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