sábado, 31 de enero de 2015

El escritor

El escritor

 
El escritor siempre estuvo en mí, 
desde los juegos,
desde mi primera experiencia de tiempo
y aquellas ganas de leer,
en mi cama recostado,
tras la ventana imaginando al mundo crecer,
y aquel amor duró hasta hoy.

A veces imagino que estos casi 50 años
no son más que un salto,
un recuerdo incesante de papel
en donde mi mano aún busca amorosamente,

a veces me deslizo hasta desplomarme en un verso,
y entonces me prolongo atento a las palabras
y justo ahí un libro,
uno de tantos,
y empiezo a sentir que mi cuerpo me lee,
que me acarician sus páginas,
que me besan sus títulos,
que huele a mí, como una mujer.

El escritor desde siempre fue todo,
soñar,
leer,
morir,
escribir,
resucitar y vuelta otra vez al mundo,

el escritor todavía me produce desaciertos,
una especie de encubridor de sentimientos,
quizá un ladrón de mis propias falencias,
sea como fuere es una pasión
que me invita a vivir enamorado,

el escritor no pasa por mi tiempo,
es mi tiempo,
me trasciende,
es mi obviedad más viviente.

Soy un hombre inquieto al escribir,
me siento entre varios libros abiertos,
me paro y preparo un café,
juego con mi cabello quizá
al rescate de algún verso extraviado en mi laberinto
y me vuelvo a sentar,
para danzar entre rimas
que encuentro y pierdo con igual facilidad,

con la urgencia de decir,
a veces cediendo
otras resistiendo,
pero siempre entendiendo que merezco lo que escribo,

y escribo porque todo me fue entregado
de tanto ser raíz,
por eso vivo a veces como un árbol escondido,
pero siempre me siento flor que comienza.

Soy un escritor que camina cerca,
un inventor de tiempo
para no dejar nunca de leer y de escribir,
un hombre que sólo se conmueve
con las almas que cree reencontrar,
un amor que me propuse sembrar
cual si fuera la primera vez,

un escritor que resguarda su fortuna,

que no me falte la fragancia de la inmediatez de la emoción,
que no repartan lo que siento sin la anuencia de mi musa,
que no pregunten por qué escribo
si la página en blanco se me impone,
que no les importe lo que digo,
yo trazo palabras sin orden
y si algún orden persigo,
me sale de mis manos,
es algo del escritor conmigo.

Tengo dos artes en mí,
el decir y lo que callo,
soy un escritor que persevera,
un hombre que deja huella
como un dolor y su cicatriz,

¡al escribir me construyo,
muero al momento preciso de publicar!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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