viernes, 16 de enero de 2015

Del último poema

Del último poema

 
Del último poema 
prefiero tus cabellos,
que siembran y hacen andar
los hilos de mi hambre,
que espacian mis estrellas,
que saltan a mi vacío causando mi rostro,

tus cabellos sin importarles nada,
como mi sangre,
que lentamente te quiere
y al quererte toma conciencia,
como marea de mil manos,

tus cabellos del último poema,
el silencio y el grito,
lo que he sentido, lo que siento.

Del último poema
prefiero tus ojos,
que entienden mis mañanas
de razones sobradas,
que confirman mis sospechas sobre el mundo
en que vivimos,
sin instrucciones para llorar,
dejando de lado los motivos,

tus ojos como una imaginación
dirigida a mí mismo,
como mis manos de preferencia en un rincón,
que juegan a robarte el corazón,
que juegan a adoptarte poeticamente,

tus ojos del último poema,
como ese libro que fue escrito
en un tiempo mucho menos
al de un rayo de sol.

Del último poema
prefiero tus labios,
con todos sus méritos,
con todo su coraje,
tus labios de tardes y aldea de barro,
y mis labios hasta que tú y tus dedos,

tus labios y esa clase de misterio
que hace simple el deseo,
que cuentan historias convertidas en pasión,
que me miran, al cabo me miran como un anclaje,

tus labios del último poema,
porque tu poesía está metida en mi alma,
como alegría profunda,
casi beligerante convertida en obligación.

Del último poema
prefiero leerte,
y al leerte tu juicio,
y como testigo tu voz,
y leerte como ese viento que es vela,
como ese viento que sólo aspira
a desbordar los límites,

leerte sin querer saberlo
y así descubrirte,
como una nana infantil,
como una trastienda de letras,

leerte dejando en evidencia ante el jurado que eres culpable,
de los buenos sentimientos,
de la última instancia,
de volvernos a pensar,
como ese amor de estar enamorados,
y también el amor de querer amar.

Del último poema
prefiero el azar,
aunque me adjudiquen todos los versos que escribo,
aunque ninguna palabra sea palabra
sin tus cabellos,
sin tus ojos,
sin tus labios,
y yo distinga tres motivos para leerte:
tu belleza,
lo que afirmas cuando amas,
tu claro ejemplo de sentencia,

¡del último poema,
tu piel en varios poemas!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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