viernes, 26 de diciembre de 2014

Trescientos sesenta y cinco días

Trescientos sesenta y cinco días

 
Trescientos sesenta y cinco días 
para conocerte mujer,
y amar lo que tú sueñas,
para despertar tus ojos hasta tus piernas,
para dejar en tu lengua
la vigilia del próximo beso,

mujer estoy pensando,
tan sólo pensando.

Trescientos sesenta y cinco días,
para esperarte y gritar
tu nombre con fuerzas,
para entrar en ti como entra el sol,
de a ratos furtivo,
de a ratos poeta,

trescientos sesenta y cinco días
con sus noches,
mujer a estas horas, a todas las horas, para siempre.

Trescientos sesenta y cinco días
como metidos en un mar muy ancho,
y guardarte del mundo mientras duermes,
y poner el amor entre cuatro paredes,
y derramarme en tu piel como viento,
como si muriera por instantes,

trescientos sesenta y cinco días
donde poderte hablar con el alma,
y despertar dos o tres veces
y mirarte mientras te amo.

Trescientos sesenta y cinco días
para saberte bien y lentamente,
para quererte en el lugar preciso,
tan corriente y tan simple como una gota,
trescientos sesenta y cinco días
para contarte un cuento donde tú me amas y yo te elijo,

donde el amor mío sea en ti el amor,
donde quieras conmigo
y yo a tu costado.

Trescientos sesenta y cinco días
para pedirte,
que a pesar mío te quedes,
que me llenes con todas tus partes
hasta hacerme,
que estés dispuesta como la luna
que quizá me ve,
que quizá me reconoce,

trescientos sesenta y cinco días
y que me desees mujer,
una y mil veces y mil más,
y sentir que en mis manos crece tu suave infinito.

Trescientos sesenta y cinco días,
amantes de todo el tiempo,
sin estar sujetos ni detenidos
pero urgentes,
sin ser complacientes
pero exactos en el gemido,

trescientos sesenta y cinco días
como el verbo más limpio,
y yo tan tuyo y tú tan mía,

¡trescientos sesenta y cinco días
sangrando poesía!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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