sábado, 6 de diciembre de 2014

Mira

Mira

 
Se acopian los instantes del amor,
el corazón se sale del pecho
y camina de regreso
a tu puntualidad,
como un exacto y pleno rostro,
como algo importante e inesperado,

¡mírame!,
pienso en ti con urgencia.

Me pregunto a diario
qué estoy haciendo aquí
si tú estás allá,
y yo situado en una historia
que no es la tuya,
y tú envuelta en una rutina sin mis ojos,
y yo entre tu corazón y el mío,
y tú como cumpliendo un requisito previo al amor,

¡mírame!,
mis sueños bajan por tus brazos.

No sé si alguna vez miras hacia arriba,
como disputándole al cielo tu cielo,
como disputándole al sol y la luna
tu sol y tu luna,
te pregunto porque yo sí lo hago,
yo sí me conmuevo
hasta el punto de imaginar lo que dicen,
yo sí me desnudo como hace mucho,
como se desnuda el viento en el mar,
como dándote mi mano,

¡mírame!,
ahora ya sabes que te amo.

Desde siempre despierto con tu nombre,
como despierta un mendigo
sin prevención de la lluvia,
desde siempre puedo irme
y sin embargo me quedo,
y llego temprano al amor de tus ojos,
y llego temprano al amor de tus labios,

¡mírame!,
soy tu poeta además de tantas otras cosas.

Hacerte el amor
es recorrerte tramo a tramo,
es a tientas avanzar,
es un espejo donde los pájaros
se convencen lentamente,
es un amor vacilante,
es una complicidad hasta quedar a ciegas,

¡mírame!,
ahora todo está claro.

Parece evidente que en este punto tú me amas,
caso contrario no habría de pedirte que me mires,
que me amas venciendo al hombre
hasta convertirlo en llama,
que me amas y es una lástima
que no estés aquí conmigo,

¡mírame!,
cuando miro el reloj el tiempo no pasa.

A veces por supuesto te amo
y otras soy un capricho,
pero siempre te amo,
para verte,
para verme,
para vernos.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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