jueves, 4 de diciembre de 2014

Entonces en poesía

Entonces en poesía

 
Y mirarte se convierte
entonces en poesía,
porque me atrevo a despertar,
alma de mi alma,
porque divago entre los extremos
de tu boca y de tus ojos,
porque mis palabras parecen caudal
cuando te miro,
poema de mi latido,
cuando te miro.

Y desearte se convierte
entonces en poesía,
porque ojalá pienses un poco en mí
cuando buscas respuestas,
porque te imagino
y te siento conmigo hasta en mis sueños,
porque demás está decirte
que en mis manos están tus manos,
cuando te deseo,
transformándolo todo
y tu noble rostro,
cuando te deseo.

Y tocarte se convierte
entonces en poesía,
porque ando cargado de paquetes
y los voy dejando según tu piel, a saber:

mis mejillas en tu rocío,
mi primera vez en tus fuerzas,
lo que añoro construir contigo, en todo tu cuerpo,
lo que desespero cuando los instantes me vencen,
lo que se nota por amarte sin miseria,

porque te amo, de veras,
siempre un poco más,
porque me sorprendo también cuando te nombro,
y entonces sonrío,
cuando te toco
y tú no tienes medida,
cuando te toco.

Y besarte se convierte
entonces en poesía,
porque mis dedos buscan tus labios
demorándose tanto,
porque tu boca le da refugio a mis labios
hasta el silencio,
porque decir algo es decirlo dos veces,
cuando me besas,
cuando te beso,
porque tu voz tiene el tiempo sencillo
al que no le importa el futuro,
cuando te beso.

Y amarte se convierte
entonces en poesía,
porque me conmueves eligiendo el azar,
porque te siento después del amor,
porque no hay manera de amarte
más que amarte con el corazón entero,
y con mi alma robando la llave de tu alma,
porque te amo así,
casi sin haberte encontrado,
porque te amo así,
mi amada mía,
mi amada amante,

cuando te amo,
no sólo esta noche sino
la infinita distancia del cielo,
cuando te amo.

Y escribirte se convierte
entonces en poesía,
por si te preguntas acaso por qué te amo.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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