viernes, 7 de noviembre de 2014

Y empujándome el amor

Y empujándome el amor

 
Esos brazos que me arranca,
la mujer,
pasión de mi alma,
esa vista como en las noches,
serenata,
que acompaña mis caricias
en amorosa ventura,
que parece que se apaga
al saberse fugaz,
pero persevera,

un aliento cara a cara
sugestivo de la voz,
y palabras que se imaginan entre besos,
y empujándome el amor.

Bastaría si sumara su silueta a mi piel,
si gozara como desierta
provocada por el asombro,
alcanzaría con sus ojos
y la palma de sus manos,
con el sol y la luna y las estrellas
como quien sueña,
como toda huella,
que suele borrarse después de la lluvia,

y como ramas a mi cintura
yo quiero tus redes,
en la mañana azul y también
en los leños atardecidos,
y empujándome el amor.

Que me prodigues un abrazo
de tarde en tarde,
eso quiero,
hasta las doce horas del día
y las doce de la noche,
donde el horizonte derrama su rigidez
y desaparecen las damas y los señores,
y quedan los amantes,

como un broche del alma
para abrirse a la vida,
para que te encuentres
sólo conmigo,
y empujándome el amor.

Si por simple pudiera explicarte
lo que por mis fibras estalla,
para amarte debiera rozarte,
como roza una brisa
rauda y ligera y perdida,
y que me sepas en mi acento
y tu boca a mi boca unida,

¿por qué te amo si no te miro?,
¿por qué te amo?,
y no es poco,

y empujándome el amor,
como si el aire no fuera bastante,
como quien corre y se desangra
para tu cuerpo y mi cuerpo juntos,
y empujándome el amor,
para recomenzar.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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