miércoles, 12 de noviembre de 2014

Tiempo

Tiempo

 
Vine un día buscando
un poema que escribirte,
y me encontré con piedras,
estrellas que supo el cielo
tender a mi paso,

llegué un día buscándote
mientras Tandil llovía y quería,
y el tren se acercaba silbando,
y te pedí:

dame tiempo para trabajar,
quiero construir,
dame el tiempo de pensar,
quiero de la razón su poder,
regálame tiempo para amarte
y ser amado por ti,
enséñame a jugar,
quiero el tiempo secreto de la niñez.

Y fue después de un simple verso,
de una rima que supe en tus labios,
que pude encontrarte en la noche
andándote entre caricias,

y justo después me empezaste a contar,
que me amas desde siempre,
que el azar juega a nuestro favor,
que tu lucha es el amor,
en estos días y seguirá,
y me pediste:

dame tiempo para leer,
quiero saberte y saber,
dame un tiempo para soñar,
como si los sueños fuesen un carruaje
tirado por olas de mar,
dame el tiempo de poder mirarte,
todo y alrededor.

Y por delante de tu voz,
bajito como un suspiro
te dije TE AMO,
te amo con un amor que sabe a beso,
a cielo que se trepa con los dedos,
a pasión que embriaga
y los dos tomados de la mano,
te amo como siempre,
con la libertad de los pájaros,

¡y tú le gritaste a esos pájaros!,
lo recuerdo bien,
y tú reías y agitabas los brazos y decías
¡estoy loca!,
y yo contigo,
loco por ti,
y nos pedimos:

quedarnos juntos el tiempo,
hasta que nuestras lágrimas insistan,
conformarnos con el blanco pan
y la frescura de una sonrisa,
cuidarnos hasta el miedo y una vez en él,
enfrentarlo cara a cara,
y si es preciso sangrar
hasta los amados hijos.

¿Dónde has estado este tiempo
que llevo de cuarenta y nueve abriles?,
se lo pregunto a mi tinta,
se lo pregunto a tu alma,

¡te estoy haciendo un destino aquí mismo!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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