sábado, 29 de noviembre de 2014

Nada en común

Nada en común

 
No tenemos nada en común,
más que la piel que nos encuentra
mientras la música suena baja
en la vieja radio,
nada más que los sentimientos
a través de los dedos,
y el tiempo de las caricias
que nos convierte en noche y alba,

nada en común más que mirarnos
como si solamente un lápiz,
como si escribir algo
fuese un corazón acelerado,
y el amor que nos va sintiendo y madurando,

nada más que escucharnos
sin las ropas que usa la gente,
desnudos y frente a frente,
concentrados,
pintando.

No tenemos nada en común,
más que desearnos y sentir
que las horas se detienen,
que somos humedad
como transparencia de agua,
una red hecha de pupilas,
el impulso cuando decimos TE AMO,

nada más que alcanzarnos a ver el fondo
y sabernos el alma,
nada más que cuando tú caminas descalza
y yo deseo verte llegar,

nada en común,
por eso tus manos y las manos mías,
por eso tus ojos y mis palabras,
por eso te amo,
por eso me amas.

No tenemos nada en común,
más que el amor que nos repartimos
entre besos,
una taza de café
y un pedazo de pan,
el amor que nos decimos eterno y fugaz,
que nos adivina,
y tú junto a mí
y yo junto a ti, hacia donde estamos,

nada en común
más que todas las noches
y la madrugada,
y todo el rumor de nuestras voces
dando vueltas y más vueltas,
y todo el sol y toda la luna,
y toda esta escritura
más aire que un pájaro,

nada más que un instante
volviendo de las olas,
y tú y yo muertos de sed.

¡Oh amor terrible amor!,
que nos haces en la misma ciudad
y bajo el mismo nombre,
que nos dejas para entendernos,
que nos bendices a fuerza de roca,
¡dinos amor!,

¿por qué nos sueñas como tú eres?,
¿por qué tu calidez nos mira?,
¿por qué somos inalcanzables y libres?,
¿por qué este amor es incontenible?,

si nada en común,
más que el amor que a diario
y temprano nos conduce.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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