lunes, 3 de noviembre de 2014

Dos razones

Dos razones

 
Nos conocimos por dos razones,
mi poesía y tu mirada,
yo quería encontrar el punto
en que un papel supiera
más que el autor,
y tú esperabas el amor
tan sólo así,
como el primer rayo de sol
al pasto primero,

yo corriendo como quien corre
buscando siempre la quinta esquina,
tú como ese principio,
sin preguntas y sin respuestas,

nos conocimos por dos razones,
yo era la puerta
que tú deseabas encontrar abierta.

Nos entendimos por dos razones,
los dos mirábamos el mismo paisaje
que suele robarle a la calle la nostalgia,
tú extendías los brazos
como quien se desangra,
y yo esperaba que duraras todo el día,
como quien mira el reloj
pensando en los segundos,
aceptando el mundo en la punta de los dedos,

yo con esas ganas cursi
de decirte cualquier cosa,
con ese temblor en la voz
ante la urgencia de decir,
tú con ese desconcierto
propio del recibir,
como ese verbo transparente de palabras,

nos entendimos por dos razones,
yo me quedé en tus ojos
y tú te volviste increíble ternura.

Nos enamoramos por dos razones,
un amor a prueba de nos
que supo desvelarnos,
tu rostro llegó primero
a mis manos sorprendidas,
y con trazos invisibles fui tu caricia,
y acepté tu camino,
y fui el sitio en que estabas entre signos y dudas,
y me contemplaste con una claridad que alumbra,

yo como esa poesía que llega
al cuerpo y el alma,
como librando batallas
entre hojas secas y lluvia,
tú con tu traje de brisa y tu paciencia,
tú, con un amor de cosas y todo tu amor,

nos enamoramos por dos razones,
te enfrentaste a mi espejo después de todo,
y me sentí el amor más que nadie,
como esos pasos nunca esperados.

Estamos encarnizadamente vivos
por dos razones,
nos preferimos,
somos constantes,
somos el eco irremediable del silencio,
somos el miedo antes de ser nosotros,

por dos razones,
somos aquel ir y venir
del mismo sueño,
tú como el viento nuevo
y yo escribiendo.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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