lunes, 6 de octubre de 2014

Uno, dos y tres

Uno, dos y tres

 
Los sueños me llevan hasta ti,
¡tan lejos!,
que ya estoy casi fuera de mi vista.

Mi tiempo es mi propia cuenta
de buscarte,
y te busco encontrando mi camino,
hasta mi casa,
hasta tu sonrisa,

y así los días y los días
siempre andando,
y así las noches y las noches
desesperando,
y me permito suspirando,
y no estoy completamente solo,
estás aquí.

Y tu rostro sin querer
al paso hallé
buenos días, me dijo,
buen día le contesté,
y fue tu mano
y yo acaricié tu piel,
y supe que te habría de ver
más allá de este poema,

uno) porque me entregué a tus ojos
y te sentí derramada en mi alma,

dos) porque como un sauce pensativo
me sentí comprendido,
como que toda tú me acariciabas,

tres) porque en tus gestos me acepté
un hombre verdadero,
y claramente el amor fue justo lo que yo esperaba.

Adonde quiera que voy
siempre te encuentro a mi lado,
y no sé palabra,
pero en verdad, no sé nada y te miro
con esas miradas que comparan,
como si todo fuese fragancia
que vale más,
que siempre vale más,
como un arroyo que más que arroyo
es una herida,

uno) porque tú eres la muchacha que me mira
y la gente no pasa por pasar,

dos) porque me alejo de la puerta
desde que tú vuelves,
y entonces el buen ocaso me acompaña,

tres) porque mis húmedas manos te reconocen,
y es justamente cuando estás más cerca,
cuando un sueño sin orillas es la hora y te amo.

Yo no puedo ocultar de modo alguno,
este sentimiento que es singular ejemplo de tu nombre,
en todas las cosas de mi vida resultas,
es que sucedes sin pensar,
simplemente sucedes,

uno) fue cuando extendí los brazos
que mis versos fueron olas y olas,

dos) sin agregar nada a aquel día,
sin saber cómo,
te necesito y te multiplicas en mi cuerpo,

tres) en materia de ojos
tus ojos son mi para qué.

Aquí me tienes,
repentino y besándote,
uno, dos y tres,
como las hojas que dispersa y desnuda el otoño.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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