sábado, 18 de octubre de 2014

Navego al amor

Navego al amor

 
Y Neruda tambalea en mis manos
desde su Poema Veinte,
y la noche estrellada
tiritando de astros,
con su Amado Nervo en un rayo de luna
que se baña en la fuente,
y su Bécquer otra vez,
con el ala a sus cristales
y sus nidos a colgar.

Y Benedetti me lleva a construir
con palabras un puente indestructible,
de Alfonsina y azucenas
tocando con las manos
la tierra mojada,
bebiendo de las rocas,
pretendiéndose casta,
¡ay si César Vallejo supiera!,
el sueño lamería nuestros pies.

Dime Federico,
¿todos tus García Lorca viven a solas
y visten de verde?,
¿acaso tus flores son redondas
y la brisa se tapa de mariposas?,
dime Octavio Paz
si tu claridad es profunda y vacía,
si sientes que el mar respira,
si en el silencio reposas inmóvil
mientras tus versos crecen.

Y los caminos tan Machado
parecen andados por caravanas miradas,
borrachos de sombra y no conocen la prisa,
y la Parra es un Nicanor entre dos almas gemelas,
de alfombra de siete lenguas
y solitarias calles,
y Borges pesa como un incesante presente,
el último punto en el ahora y el ayer.

Ya sé lo que hacen,
yo navego al amor de la corriente de sus letras,
de las suyas y de otros tantos
que no me alcanza un poema,
yo, como Rubén Darío,
saludo al optimista renaciendo de pronto,
engañando a la muerte,
o como Miguel Hernández,
cada cinco de Enero mi calzado a la ventana,
y no importa si no tengo zapatos,

yo hago de la vieja noche
el viejo amor mío,
ya lo dijo Jaime Sabines,
"yo no lo sé de cierto,
pero supongo que una mujer y un hombre
algún día se quieren".

Y al combate de la tinta voy
entre la A y la Z,
"porque sé que eres sabida,
que me quieres y me afirmo,
que tu amor me fue conocido"
como Miguel de Cervantes Saavedra.

Y navego al amor y escribo,
en cada rostro de ti.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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