miércoles, 1 de octubre de 2014

Mujer de todos los días

Mujer de todos los días

 
Mírame,
que sin máscaras,
como un hombre desnudo,
a mitad de las miradas
sin que un ruido me quite,
como si mi voz fuese un muro
de largos minutos,
como si mi mano no tuviese prisa
y mi otra mano se volviese papel,

¡mírame que tu silencio me hará despertar!

Préstame,
que para seguirle los pasos al amor,
necesito salpicar de caminos al viento,
y soñar con aguas inalcanzables,
y creer que tu cuerpo
no es a mi tiempo indiferente,
préstame mientras espero,

¡amar no es ansiedad, es prolongar los instantes!

Llévame,
porque tu encuentro es la forma
cuando eres mía y soy tuyo,
porque el espacio es incierto
cuando saber de ti es una caricia,
porque no te quiero cuando estás lejana,
¿por qué quererte si estoy abierto a que te asomes?,

¡soy quien se adelanta, de garganta libre, deseando tu amor!

Siénteme,
y cuando hayas puesto tu alma en mi alma,
y cuando hables sin pensar y sin quererlo,
y cuando el silencio sea aquello
que nada más puede ser,
y cuando, posiblemente hermosa
te me quedes pensando,
y cuando seas cada vez que me miras,

¡el amor sabrá de ti, mujer de todos los días!

Bésame,
que sin fin quiero tu boca a gritos,
que quiero escribir y besarte y escribir,
entre los dos y ahora y siempre,
bésame diariamente,
que quiero ese arroyo
que va llorando y llorando
mientras te aprendo,

¡los amantes creen en el amor entregándose,
dándose a cada rato!

Óyeme,
apurado estoy en ti,
como ese aire que a su árbol es regreso,
como ese arrojo inesperado y anhelante,
como ese imposible reposo,
óyeme, me acerco a ti,
mujer de todos los días,

¡como aquel simple te amo,
y solté mis amarras para descubrir contigo!

A veces creo que tú recomienzas en mí.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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