sábado, 27 de septiembre de 2014

Una hora después del ocaso

Una hora después del ocaso

 
Por mucho que quiera,
sé que serás cuando la luna,
cuando el agua despida
a esos sueños repletos de suspiros,
cuando basten los párpados
cuando ya sólo el viento,
cuando camines menos infinita,

y entonces,
el amor nos devolverá
mejorados al mundo,
hablando de este poema.

Por mucho que quiera,
sé que te miraré de mil maneras,
que perderé el tiempo acompañándote,
pidiendo que tú me lleves,
que me invites a volar,
que seas mi mejor poesía,

y entonces,
a la hora de las
confesiones íntimas, te diré:
¡tan de amor te esperaba,
tan amante sin fin!

Por mucho que quiera,
sé que escribiré las promesas
que tantas veces le hiciera al sol,
por tu amor,
por saberte mis laberintos abiertos en flor,
por equivocarme,
creyendo que tu voz era a mis cinco sentidos, y no,
tu voz venía desde el aire levantando carteles,

y entonces,
seré ese muchacho sabiendo de nuestro deseo,
viviendo la suerte de la mujer que amo.

Por mucho que quiera,
te pediré que apagues la luz,
que seas como un gran lago
y tus manos un pequeño cielo,
que no termines nunca
y así de nuevo hasta la mañana,
¡artesana de mis rimas,
princesa mía!,
mi concreta verdad
tantas veces repartida,

y entonces,
con el clamor de la piedra
¡ámame!,
medio poetisa,
medio página en blanco,
medio misterio,
medio especial.

Por mucho que quiera,
porque sé que ahora existes,
llega hasta mí una hora después del ocaso,
sin más edad que el amor mío,
sin pétalos dormidos,
y custodia para siempre
el tiempo que nos toca,
llega a este escritor en silencio,
llega plena de amor por este hombre,

y entonces,
seremos las palabras hijas
de aquellas palabras,
las que le dan vida
a este despertar cotidiano,

¡no olvides que te amo!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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