martes, 2 de septiembre de 2014

Toda vez que escribo

Toda vez que escribo

 
Ahora bien,
yo necesito decirte que TE AMO,
que sueño con lo mucho,
que le hablo a tu nombre,

que estás en mis noches largas,
compensando el amarte
con lo que a diario
pienso de ti,

que tus pedazos de vida
son mi lámpara encendida,
que el sol de la mañana
no es necesario para abrir los ojos,
¡si yo siento tus caricias!,
¡si tu alma es cada hora
a mi boca prometida!,

figúrate que es tuya
mi dicha y mi placer,
el empeño de amarte mucho.

La mano de mi amor golpea
lo más hondo,
y te imagino mi amor,
¡tú sabes que si!,
tus labios estrechando mis labios,
tu piel como el aire y la vida toda,
mi habitación y tu cuerpo tan suave,
tan lápiz, tan cálido,

como una flor de inocencia,
una ola de vicio,
un insomnio rosa
porque tú sabes,
porque yo elijo,
un amor sangrando
en un claro rincón del corazón.

Desnudo,
hablándote al oído,
como si el amante meditara los instantes,
y entonces no supiera si lentamente tocarte,
si hundirse feroz a tu estancia,
si sentarse enfrente de tus besos
a porque beses,
si abrazarte con ternura y palpitante,
mientras el ave del silencio pasa el tiempo,
escalando la muralla de la pasión.

Eso pasó,
pasa y pasará,
fue ayer y será mañana,
tu belleza que sobre mis libros reposa,
el anhelo de mirarte y desearte
sintiéndome de ti, cautivo,
y con amor llegar hasta ti
toda vez que escribo,

abriéndote en quijotes
con palabras que hacen blandas las cosas,
transformándote en entonces,
como un lazo sin llaves
murmurando que he venido por ti.

Ahora bien,
camino tu barrio,
rondo tu calle,
sé de tu casa y lo que cuentan tus esquinas,
y en tu jardín la luna
que te envuelve desnuda,
y yo, que sólo necesito decirte que TE AMO.

Toda vez que escribo
eres el amor,
el medio mío,
el amor que me rodea.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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