viernes, 19 de septiembre de 2014

Para traerte

Para traerte

 
La mujer existe,
la he visto,
la he visto y yo rendido
y queriéndola me ha mirado,
yo estaba andando caminos
como un peatón de sombras,
callando,
pensando,
mirando,
siendo parte de la tierra,
palmo del aire,
llegando,

y ella estaba como esos sitios
de agua fresca,
como las que sueñan,
haciendo de tantos días el día,

y me ha mirado
con los dedos y los ojos apretados,
y yo rendido y ella,
como esa muchacha que quiere
anticipadamente al amor.

La mujer existe,
la he vestido,
la he vestido y me ha deseado,
aquella tarde era larga
y yo temblaba desde los labios,
adivinaba su piel sin haberla tocado,
eran constantes mis manos
como una señal de su cuerpo,

y ella estaba como esa semilla
que acude al sol,
abierta en flor
con sus ojos creciendo,

y me ha deseado
desprendiendo en gajos al tiempo,
sintiéndome,
extendiendo,
penetrándome por todas partes,
sabiendo lo que espero.

La mujer existe,
es bella,
bella y enamorada,
tiene libres las manos
como esa voz entre tanto bullicio,
ella sabe de abrigar en el pecho
ese pedacito de juego que procede del amor,

y me habló con esa caricia
que no deja ni huellas,
con la simpleza de un dibujo inevitable
que se mezcla de silencios y de letras,
y me contó de mi Tandil a la intemperie,
y me colgué en aquel café
que a veces se comparte entre
un montón de sillas vacías,

enamorada,
así me dijo que estaba,
como esa búsqueda justo antes
de llegar a la esquina,
como esa carta que en el fondo lo es todo,
convencida que para llegar,
yo tenía que esperarla.

La mujer existe,
y tiene mi nombre para leer en un raído papel
en forma interrogativa,
ella sabe que estaré solo en la ciudad
hasta su vuelta.

¡Ay de este poema
que me tira en mujer,
y yo amando!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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