domingo, 14 de septiembre de 2014

De las cosas simples

De las cosas simples

 
Ella y él
vivían en distintos barrios,
él, serio,
ella frágil,
él camino a sus primeros cincuenta,
ella miraba de cerca los cuarenta,
ella y él amantes de las buenas letras,
ella y él, llenándose los zapatos de distancia.

Ella era gustosa de las noches largas,
él prefería los mejores deseos,
corrían y se amaban
y a veces parecía,
que ella le cambiaba el nombre a las cosas,
que él soñaba con gaviotas,
y ella creía en la libertad de los versos,
y él en ella.

Él, a propósito de la humildad,
le gustaba sorprenderse
y actuar en defensa propia,
ella prefería las palabras
y al hablar descubrir poesía,
él tenía algunos poemas que le seguían los pasos,
ella prefería el otoño,
y una suave lámpara sobre el tiempo.

El amor se hace de dos elementos
que preponderan,
copas de vino y fracasos,
esos instantes en que todo está en su lugar,
hasta la humedad del jardin,
y aquellos otros en que la puerta no se abre,
y todo parece maquillarse
de una singular y plácida tristeza,

el amor sabe tanto de tormentas
como de ocasos,
ella y él se reconocen en los hechos
y saben la dicha verdadera.

Él la miraba como esa esquina primera,
de murallas altas,
de cercana plaza,
imaginando la ilusión de un beso
y un sueño sin orillas,
ella lo esperaba más y más cerca,
inventando el final de cada historia,
como una pequeña nube pasajera mullida de silencio,
ella y él como de frente a una arboleda,
él, como de costumbre,
ella, enamorada.

Ella había decidido considerarlo el hombre,
él jugaba con las hojas como quien da vida al ahora,
ella, con un sentir en forma de rueda de molino,
por lo grande y lo preciso, pensó ...
¡es él, lo reconozco bien, lo distingo!,
él fue mejor que una ventana abierta,
la tomó entre sus manos,
la abrazó dulcemente,
y un delicado aroma a violetas
los envolvió.

Él se había permitido saberla su mujer,
el amor no podía decirlo con más certeza,
él, cumpliendo con su palabra
le dijo TE AMO,
ella, llorando repitió, TE AMO también.

Ella y él perdieron los nombres
y con ellos la memoria,
ahora se llaman amor,
que cada quien los llame como quiera.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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