lunes, 8 de septiembre de 2014

Cinco noches, cinco días

Cinco noches, cinco días


Un día un hombre
conoció a una mujer,
cinco noches,
cinco días,
andando sus primeras caricias,
de la mano hasta los besos,
hasta el encuentro de sus
primeros ojos enamorados,

un día fue más que el pensamiento
y comprendió la intensión de su boca,
ser esa fruta deleitosa de su viento,
reconocerla siempre a su lado,
más fiel que un espejo,
constante como un arroyo que se mueve,

un día un hombre
fue transparente,
y la mujer encontró su mano en su costado,
dedicada cada instante a sentirla querida.

Una mañana un hombre
creyó en su cama,
en su piel húmeda
y en ella como leyéndolo,
y la mujer reconoció su mirada como
la juventud primera,
¡buenos días mi amor!,
¡buen día mi cielo!,
y las murallas cayeron sabiéndose lejanas,
y la ilusión fue un sueño sin orillas.

Una tarde,
a la hora del silencio,
el hombre recordó el mar,
como quien da vida a la espera,
y la desnudó sin palabras,
como si el olor a café
fuese siempre el mismo poema,
y la mujer supo que no había diferencias
entre el poeta y la tibieza,
y no pudo decirlo con certeza pero,
no recordó su nombre,
y se encaprichó en morir en sus brazos.

Un día un hombre
sin vacilar un punto,
sin sorprender sus pupilas
y alma serena,
la tocó sin darse cuenta de lo bien que lo hacía,
sin ocultarla de ningún modo,
como esas cosas de la vida,

y la mujer entonces creó algo,
algo de los árboles que se agitan,
de las hojas para ser escuchadas,
de las voces que los roces llenan de aire,
algo que es preciso siempre resolver,
como las rosas que serán siempre rosas
mientras no recuperen su libertad.

Un día un hombre
conoció a una mujer,
cinco días,
cinco noches,
y encontró lo que buscaba,
detenerse un instante frenta a sus labios,
tener el consuelo de su caos,
y existir,

y la mujer dirigió su mirada
haciéndolo subir,
haciéndolo bajar,
entregando su voluntad
durante días,
durante noches,

hombre y mujer,
papel y lápiz de un poco de ternura,
él, tomándola por sus cabellos,
ella, arrastrándolo hacia su boca.

Un día un hombre
conoció a una mujer
y la mujer lo conoció,
fueron días de compromiso,
fueron noches de arrebatarle el amor al alba,

¡la poesía nos dará por siempre las gracias!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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