viernes, 5 de septiembre de 2014

Alma

Alma

 
Yo digo tu nombre
en el lugar de los anhelos,
donde se embriaga mi corazón,
donde la verdad sabe fresca,
sobre poesías que sólo contemplan mi casa,

tu nombre
como una pintura,
tu nombre,
por fin lo comprendo.

Yo escucho tu nombre vivo
frente a mi rostro,
desplegando su amor
como varios pájaros rojos,
como un principio allí en la orilla del agua,

Alma,
y suspendida como un papel que nunca se firma,
como una noche que cubre los locos amores,
como el goce sin acuerdo
con acento a musa.

Yo insisto tu nombre,
cuanto más orgullo más libre,
audaz, como un grito inexperto,
dócil, como un mar de olas adormecidas,

tu nombre azul mecido por el amor,
puente ganado convidado a descansar.

Yo habito en tu nombre
en contornos dibujados,
yo creo en tu nombre ligero,
como el sol sereno
de sus últimos rayos del día,
yo contemplo tu nombre como un largo sueño,

que templa lo que siento,
que arde en mi inspiración,
que es razón de brillante luz que me roba,
nombre torrente y prodigio,
Alma, siempre serena.

Yo abro tu nombre como un ciego,
y camino cubierto de tus ojos,
como una bella flor en vaivén,
como la aurora al compás de un gemido,

tu nombre desnudo como una red,
amante,
desde las ventanas frágiles,
desde los árboles inminentes,
tu nombre germen del agendado amor.

Yo elijo tu nombre
en la estación de los amores mensajeros,
en la ribera del amor que viaja sencillo,
en el dulce amor de mi edad adulta,

yo llego a tu nombre
con la virginidad que tiembla,
acá, la calle solitaria,
allí tu cama,

Alma,
como un molino sobre un risco,
suspirando en el bosque de los rumores.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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