lunes, 29 de septiembre de 2014

Sólo con decir

Sólo con decir

 
Me dijo:
si me miras el mar dirá también,
porque las olas todo lo pueden,
porque nosotros somos
los mismos poetas del vértigo,
y tan sólo podemos suspirar,

me dijo que el amor
es querer la vida para amarla,
que un segundo es una flor,
que la melancolía es una boca abierta,

me dijo que mis palabras
son torrentes cuando escribo,
que un sueño siempre es el sol al poniente,
que un espejo es el alma de frente,
que me ama como arde el perfume de su planta,

y le dije: yo te amo, deshojándome por dos.

Me dijo:
es largo y claro,
muy largo el pensamiento
cuando me cuelgo en ti,
que en el aire sus brazos se parecen a mi regazo,
a ese descanso recién gozado,
a ese vaso por la mitad,
como un silencio de amante,

me dijo:
a veces soy toda tuya,
todo mi cuerpo se vuelve alas,
y te siento como nunca,
con una espera inenarrable,

me dijo que se vuelve pedazos
cuando sus manos no me encuentran,
me dijo: soy tempestad para mis labios,
cuanta más sed y más hambre,

y le dije: yo te amo, quemante es
tu nombre que me invade.

Me dijo:
mi sangre sabe de la audacia de tu voz,
nada me extraña de ti,
lo que siento es lo que logro,
y una tarde despierto y tu amor está a mi puerta,
y el hombre se vuelve viento y azar
de la misma sonrisa,

me dijo: un verso siempre
es un pájaro que cruza,
una llama a la que la libertad
le da su rebeldía,
¡yo no soy la más linda, pero no tengo dudas!,
siempre me reinvento para llegar primera,

me dijo: mi amor es distinto,
tú tienes razón,
mayúsculo es el amor
entre tus ojos y mis ojos,
sencillo es el respeto, así te amo,
con un desnudo paisaje y mucho más,

y le dije: yo te amo, esta noche y otra noche
y sus días, porque quiero.

Me dijo:
ahora puedes venir a buscarme,
yo quiero saberte aquí,
quiero verte llegando a casa,

y le dije: yo te amo, el mundo tiene sentido
desde que tú me amas.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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sábado, 27 de septiembre de 2014

Una hora después del ocaso

Una hora después del ocaso

 
Por mucho que quiera,
sé que serás cuando la luna,
cuando el agua despida
a esos sueños repletos de suspiros,
cuando basten los párpados
cuando ya sólo el viento,
cuando camines menos infinita,

y entonces,
el amor nos devolverá
mejorados al mundo,
hablando de este poema.

Por mucho que quiera,
sé que te miraré de mil maneras,
que perderé el tiempo acompañándote,
pidiendo que tú me lleves,
que me invites a volar,
que seas mi mejor poesía,

y entonces,
a la hora de las
confesiones íntimas, te diré:
¡tan de amor te esperaba,
tan amante sin fin!

Por mucho que quiera,
sé que escribiré las promesas
que tantas veces le hiciera al sol,
por tu amor,
por saberte mis laberintos abiertos en flor,
por equivocarme,
creyendo que tu voz era a mis cinco sentidos, y no,
tu voz venía desde el aire levantando carteles,

y entonces,
seré ese muchacho sabiendo de nuestro deseo,
viviendo la suerte de la mujer que amo.

Por mucho que quiera,
te pediré que apagues la luz,
que seas como un gran lago
y tus manos un pequeño cielo,
que no termines nunca
y así de nuevo hasta la mañana,
¡artesana de mis rimas,
princesa mía!,
mi concreta verdad
tantas veces repartida,

y entonces,
con el clamor de la piedra
¡ámame!,
medio poetisa,
medio página en blanco,
medio misterio,
medio especial.

Por mucho que quiera,
porque sé que ahora existes,
llega hasta mí una hora después del ocaso,
sin más edad que el amor mío,
sin pétalos dormidos,
y custodia para siempre
el tiempo que nos toca,
llega a este escritor en silencio,
llega plena de amor por este hombre,

y entonces,
seremos las palabras hijas
de aquellas palabras,
las que le dan vida
a este despertar cotidiano,

¡no olvides que te amo!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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jueves, 25 de septiembre de 2014

El amor me sienta bien

El amor me sienta bien

 
Amor lento,
por aquel que he sido
desde el viento hasta mi nombre,
amor de noche,
cuando trepados por la piel
muñidos de silencios,
fuimos aquella voz,
amor desde dentro,
algo del corazón,
algo del cuerpo.

El amor me ve desnudo,
callado,
dándome a cada rato
lo que los amantes saben de sobra,
la espera,
el encuentro
y lo de siempre,
estar solos a que la penumbra
abra los ojos,

amor hasta la madrugada
entre el suelo y los labios.

Amor en todas partes,
en el cuarto,
de frente a las ventanas,
en la calle,
mañana,
ayer,
en las tibias sábanas,
durmiendo o haciendo que,
hasta una dulce palabra,

amor y mis ojos en tu mirada
donde no hay distancia,
y dos lágrimas hacen
que tu alma sea mi alma,
amor que de la mano
escribe y habla.

Mi amor se mide por versos
y nosotros por hojas,
tu amor se llama misterio
y yo busco metáforas para no nombrarte,
el amor es actitud fácil,
nos aprende constante.

Cuando te vi
el amor me tenía de todas partes,
me hablaba de ti y no me alcanzaba,
fue verte y suspirar como un niño,
fue el rocío y llenarte de mí, amor mío,

amor de mi cuerpo a tu cuerpo
como un último viaje,
es que después de ti ya no hay pasaje,
después de todo TE AMO,
y no es tarde.

Amor,
tú también eres agua abierta,
tú tampoco quieras decir cómo me llamo.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Lo que no sabes

Lo que no sabes

 
Lo que no sabes de mí,
es lo que me hace tuyo,

que no me canso de esperarte
mientras tú todo lo desafías,
que me devora el cuerpo tu aire,
que asciendes
y naufragas
y clamas,
que el amor mío no sólo de amor se trae
sino de cierto coraje,
que tus deseos son mi libertad,
y en la piel la intensidad
del perfume de tu cuerpo.

Lo que no sabes de mí
es la huella de cuatro pasos,

que soy un muro de pájaros
cuando mi imaginación te nombra,
que sobre el sueño de este
hombre has dejado tu pecho,
y tu cabello suave
y tu voz despierta,
y tu amor por mi casa,
que no saliste jamás de
los besos que aún vagan,
que no quieres separar nuestras bocas,
cada vez más profundas,
cada vez más ventanas.

Lo que no sabes de mí
es lo que no quiero ser,

no quiero ir a tu encuentro,
quiero que estés aquí,
no quiero un amoroso sentido,
yo quiero el amor de ti,
es que no quiero un futuro fugaz,
yo quiero un presente en tu vientre,
no quiero dos ojos lejos,
te quiero íntima en mi fuego,
y me mires del todo verdadero, abierto,
echándote todas las horas,
la del sabor,
la del tejado,
la de la savia.

Lo que no sabes de mí
es mi porvenir y el de mi amor,

que un súbito despertar me coloree,
y defenderte siempre,
aunque quieras tropezar,
que nunca seamos más iguales
que una mañana y un TE AMO,
que atravesados tú y yo por la misma sangre,
seamos la primera vez,
la noche segura de todos los lados,
quedándonos muy cerca,
en un haz de caricias o quizá más.

Lo que no sabes de mí,
es que dormido y despierto
llevo el amor a cuestas,
como dos ante la aurora,
y vencidos e inmensos,
y la voz de mis raíces,

porque no sabes de mí
que bajo tu piel escribo,
bajo tu piel.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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martes, 23 de septiembre de 2014

¿Cómo hacerle el amor al silencio?

¿Cómo hacerle el amor al silencio?

 
Y la sombra es un latido
que en mi piel es posible,
como la mirada que desnuda,
y es un traje que va colgado
y que el viento mueve bajo,
y una incógnita si ser flor, corazón,
o quizá una ventana pasajera de horizonte,

que para hacerle el amor al silencio,
no son necesarias las sábanas.

No hay más luz que el ocaso,
las cosas no están de paso,
todo suma a la esencia,
que cuando mi pecho exhala tu nombre,
mi sangre es la mañana,
que la transparencia es redonda
cuando el roce la inunda,

que para hacerle el amor al silencio,
la penumbra lleva la huella del azar.

El cuerpo desnudo
se contenta ante las manos,
basta mirar para que la verdad
sea una inmensa voz poseída de pasión,
y se arrojan pedazos de suspiros,
y se avanza largo,
como un vuelo de solo un cuerpo,
como un descalzo sueño ante un árbol talado,

que para hacerle el amor al silencio,
hay que desprender a caricias los pies,
los brazos, la casa y todo.

Allí donde palpita se halla,
cada vez más cerca,
cada vez más carta,
imagino letras que vivas me hablan,
despertándome a besos,
repitiendo TE QUIERO,
amante sin dueño y sin espacio,
imborrable tinta de mi aire y de mi cielo,

que para hacerle el amor al silencio,
la mujer y el hombre se fundirán sin límites.

Que con los ojos aciertas
la cantidad de dos mundos,
profundo y volátil,
reposo y más allá,
donde el perfume no cesa,
donde todo se precipita y es ansia viva,
silencio que parece uno solo
pero por siempre abrazados,
silencio que es recuerdo y lunas,
imposible separarlos,

que para hacerle el amor al silencio,
no necesitas ni alas ni nada para quererlo besar.

Que infinitamente abierto
es esos ojos, esos,
una boca de la misma savia,
una mujer como un leño,
un hombre satisfecho,

que para hacerle el amor al silencio,
después del silencio,
tú y yo.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Tinta

Tinta


Te pareces a Tinta,
ese que escribe,

cuando deshojas los instantes
cada vez más boca,
y sin dormir estás,
amor que vas
en un vaivén de sombras,
cuando en la mirada
agrupas el rubor
y abierta estás,
y enamorada,
te pareces a Tinta
con tu corazón sediento de vuelo,
con la certeza que en él
se halla el balcón de tu edad más temprana.

Te pareces a Tinta
cuando cultivas al hombre,
y te ves dentro como un puesto a la entrada,
¡siempre lloras venidera,
siempre gimes de agua al llorar!,
como si el alma fuese un espacio
que irrumpe por los brazos,
y revistes tu piel de versos
correspondiendo a quien los escribe, Tinta,
que enciende el amor en ti misma.

Te pareces a Tinta
cuando ansías el horizonte,
y tu voz es un oleaje
que se ofrece gota a gota,
y es en ti como una enredadera
que remueve tu reposo,
que es vibrar silencioso
y vestidura de tus pupilas,
Tinta que derramas desde tu frente
y te vuelve transparente,
como un lento diluvio, igual a él.

Te pareces a Tinta
cuando irrumpes al sol plena de luna,
y te inundas de vientres que avanzan
como un huerto desnudo,
y sobre tus manos bonitas callan los besos,
los que quisieras pero son deseos,
los que encarcelas desde ahora y desde siempre,
Tinta, como un árbol de tus raíces,
y tu sangre y su sangre fieles.

Te pareces a Tinta
aunque te falta,
déjame que te diga ...

que tus ojos desfallezcan,
que tus manos sean cosas de labios,
que tu aire sea leve pero a la vez,
fuerte como un muro,
que tus sueños una ventura
del mismo temple que la madera,
que no temas al dolor, se parece al amor,
suelen brindar juntos a la misma mesa.

Te pareces a Tinta,
ese que escribe,
tú, como anocheciendo,
y él abriendo un mundo sólo para ti.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Si no fuese

Si no fuese

 
Si no fuese
por las nubes y porque llueve,
juraría que es tu piel
que me abraza,
como un barco que nunca se llena
y está anclado en el puerto,

si no fuese por el silencio
de este sollozo de gotas,
si no fuese por el suspiro del viento,
que me somete a siembra y beso
hasta volverme vulnerable.

Si no fuese
por el paisaje y por las ventanas,
juraría que todo tu amor
me alcanza,
dándome alas,
arropándome la boca,

si no fuese por los árboles paso a paso,
de las tiernas y celosas hojas de su traje,
si no fuese por la sangre
que me habita como un rayo,
hasta brotar en versos, desplumado manantial.

Si no fuese
porque te quiero,
mientras esa paloma sube y sube interminable,
juraría que de arena y de mar me formo,
que soy un aire que merodea tus manos,
que tengo el privilegio de girar,
y tomarte de los hombros y la cintura
casi al mismo tiempo,

si no fuese porque el amor que siento
te hace mi pensamiento,
y así me cubro de ti,
si no fuese porque procuro hasta tu voz,
prometiéndote la mirada.

Si no fuese
porque soy breve
y así soy dueño,
que tu nombre tengo por acento,
juraría que eres la urgencia de faltarme,
la serenidad de la tierra y los troncos retorcidos,
que lluviosamente entro hasta tus ojos,
que soy la misma raíz,

si no fuese
porque he llegado hasta el fondo,
y ahí estás tú,
juraría que me pareces,
que me cercas con tus ansias,
que me esperas y me defines,
si no fuese que te amo.

Si no fuese
porque mis manos son la herramienta de mi alma,
y mi alma es un marino,
y el mar me sabe a río
que clama entre las rocas,
juraría que estoy desnudo,
igual que el fuego,
cada vez más claro,
cada vez más mi garganta.

¡No es posible acariciarte
sólo por amor!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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lunes, 22 de septiembre de 2014

Aquel milagro

Aquel milagro

 
Mis latidos
pasando por tu piel,
con miradas que parecían germinar,
¿recuerdas aquel milagro?,
todavía yo cierro los ojos
y tu nombre me gobierna,
es que todavía no sé si te persigo,
pero es seguro,
todavía me desnudo
cuando tú te desnudas.

Va conmigo y es creciente,
la imagen de tu cuerpo que ante mí lucías,
¿recuerdas cuando las madrugadas,
parecíamos mover nuestras ropas
hasta el aliento?,
milagro el del corazón que aún no cesa
de sentirse flor,
que tú copulas con tu quietud,
que tú conmueves a mi universo,
todavía hay una pausa en mi pecho.

Mirar ya no es lo mismo,
si no es el horizonte abierto de tus ojos,
aún te siento entera,
hundida en la noche
y en la claridad del día,
todavía quiero llevarte a ese mundo
donde tú y yo y la vida,
¿recuerdas aquel sueño
que nos cubrió de transparencia toda?,
aún me siento rodar en su profundidad,
en aquel milagro que era la historia
de un hombre y una mujer,
todavía no escrita.

Bajo tu piel avanzo,
todavía,
abandonando mi nombre sin que tú lo sepas,
llevo conmigo la hierba de la distancia
y el aroma de tu cuerpo junto al mío,
¿te extraña que aún sienta
lo que el tiempo afirma?,
creo en el milagro de un mañana
que no se termina,
todavía el ocaso es azul
y los espejos nos guardan,
todavía siento el rubor
de tu terrible amor por mí.

Y como una visión que vibra,
tengo el impulso de llamarte,
de ir a buscarte
haciendo girar tu rostro
hacia mis labios,
¡es que aquel milagro
no me quita la inocencia de amarte!,
es que aquel milagro me basta
para escuchar tu voz, inmensamente.

Quisiera detener este silencio
para vivir un pedazo,
de mis ojos,
de tus manos,
de ti.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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domingo, 21 de septiembre de 2014

Escritor

Escritor 


Quiero nacer,
del vuelo que proponen
mis sueños, quiero recorrer,
de la magia de vivir la vida,
quiero la razón, del deseo
que con el alba descubro,
quiero la puesta,

¡sólo necesito de amor
para escribir un poema!

Por las calles voy dejando fronteras,
ocupando flores con puestos de aire,
me gusta el vacío que propone,
la libertad larga de la ausencia,
y en esa plenitud de nada,
me gusta la insistencia de la luz.

Iba aquel día sin color y sin sonido,
sólo quería seguir,
como un vicio desencadenado,
pensaba en los árboles
enjaulados de hojas y ramas,
y concluía en que nada es lo que parece,

los paisajes son un suspiro de las alturas,
la noche oscura,
los secretos jugando con las sombras,
las gaviotas no son aves,
sino el perfil de las nubes
tropezando con el sol,
el amor es una mano en plenitud,
volviéndose persona, quizá dos.

Quiero sentir al por mayor,
que las plantas sean reemplazadas
por marcos de puertas de aroma a huertas,
que el desliz sea viento
que vive bajo y blando,
que volar sea la distancia de estar atento,
que los sentidos embistan la confusión,

yo prefiero el amor
al mundo sobre rieles,
me gusta el desequilibrio en bicicleta,

¡sólo necesito andar metido entre la gente,
para escribir un poema!

Al derramar mi voz a las cosas,
descubro que les pongo mi costumbre,
si estoy bien, las rodeo de caricias,
si acaso mal, levanto entre ellas y yo murallas,
no me gusta la codicia
ni estar marcado,
yo elijo ser siempre
fruto de un corazón enamorado,
no me gusta el amor que se disputa, no es amor.

Escritor
de las ventanas ante el ruido,
eso soy,
dos caras de la misma moneda,
el que sigue y el perseguido, el amor,
porque todo es amor,
hasta cuando un pie levanto,
o agito los brazos por quererte,
tan sólo por quererte,

¡sólo necesito aquel beso,
aquel día y aquel silencio,
para escribir para ti!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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sábado, 20 de septiembre de 2014

De Enero a Diciembre

De Enero a Diciembre

 
No te prometo
que la luna será
hermosa cada noche,
ni siquiera que podamos verla,
te prometo,
que por las calles iremos dejando,
retazos de vida,
fronteras de blanco mundo
de nuestros labios,
cuando se encuentran,

no te prometo que no habrá ramajes,
te prometo que nuestras manos
serán eternas hasta el sueño.

No te prometo
que viviremos en las sierras,
ni que tendremos una escalera
llena de piedras,
apostando a las flores, al aire y al agua,
te prometo,
que sabremos lo hermoso del estar vivos
de la mano por las aceras,
que lejos del olvido nos cuidaremos,
que seremos un amor continuo,
exageradamente pecador,

no te prometo que no habrá caídas,
te prometo que todo momento
seremos la voluntad de ser, las ganas.

No te prometo
concordar con todas las cosas
y la serenidad del viento,
te prometo estar seguro de mí,
de Enero a Diciembre sentirte
como esas rosas que ya son nuestra costumbre,
que ambicionaremos los pétalos del silencio,
que sabremos sumergirnos
en el fruto diminuto de una mirada,
que creceremos en el amor,

no te prometo que te daré el corazón,
te prometo que seremos cómplices del alma,
que el amor estará a nuestro costado,
y seremos el calor
y el consuelo
y la madrugada.

No te prometo
perdonarte ante cada tormenta,
tampoco la paciencia de arroparte en el nido
como un amor labrador,
te prometo
que todo lo hablaremos,
que seremos un oído anclado,
que una voz será nuestras voces
como el barro resguardando huellas,
que seremos la libertad que nos pasa y se queda,

no te prometo una casa bella,
ni árboles de copa inalcanzable,
te prometo el tiempo exacto de un racimo,
cobijarte en el frío,
y quedar entre tu boca y mi boca, el camino,
para la hora del regreso.

No te prometo recordarte,
los recuerdos no me gustan,
soy partidario del cuerpo,
de la piel que edifica,
de besos intrépidos y desordenados,
de caricias en la mejilla,

no te prometo estar siempre alrededor,
te prometo la urgencia de volver.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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viernes, 19 de septiembre de 2014

Para traerte

Para traerte

 
La mujer existe,
la he visto,
la he visto y yo rendido
y queriéndola me ha mirado,
yo estaba andando caminos
como un peatón de sombras,
callando,
pensando,
mirando,
siendo parte de la tierra,
palmo del aire,
llegando,

y ella estaba como esos sitios
de agua fresca,
como las que sueñan,
haciendo de tantos días el día,

y me ha mirado
con los dedos y los ojos apretados,
y yo rendido y ella,
como esa muchacha que quiere
anticipadamente al amor.

La mujer existe,
la he vestido,
la he vestido y me ha deseado,
aquella tarde era larga
y yo temblaba desde los labios,
adivinaba su piel sin haberla tocado,
eran constantes mis manos
como una señal de su cuerpo,

y ella estaba como esa semilla
que acude al sol,
abierta en flor
con sus ojos creciendo,

y me ha deseado
desprendiendo en gajos al tiempo,
sintiéndome,
extendiendo,
penetrándome por todas partes,
sabiendo lo que espero.

La mujer existe,
es bella,
bella y enamorada,
tiene libres las manos
como esa voz entre tanto bullicio,
ella sabe de abrigar en el pecho
ese pedacito de juego que procede del amor,

y me habló con esa caricia
que no deja ni huellas,
con la simpleza de un dibujo inevitable
que se mezcla de silencios y de letras,
y me contó de mi Tandil a la intemperie,
y me colgué en aquel café
que a veces se comparte entre
un montón de sillas vacías,

enamorada,
así me dijo que estaba,
como esa búsqueda justo antes
de llegar a la esquina,
como esa carta que en el fondo lo es todo,
convencida que para llegar,
yo tenía que esperarla.

La mujer existe,
y tiene mi nombre para leer en un raído papel
en forma interrogativa,
ella sabe que estaré solo en la ciudad
hasta su vuelta.

¡Ay de este poema
que me tira en mujer,
y yo amando!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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jueves, 18 de septiembre de 2014

Fue entonces

Fue entonces

 
Fue entonces
que mi corazón te deseó,
mis manos parecían andar
en las alturas,
destinadas a tu casa,
y mis brazos,
como lluvia,
amaron la delgada línea
que separa mi voz
de mi primer suspiro,

fue entonces
que corrí al auxilio,
le pedí al agua que suele deslizarse
de cara al abismo, que me guarde,
bregué a los vientos
por mi equilibrio,
y al vértigo miré,
¡déjame ser yo mismo!,

fue entonces
en que bastó un libro,
para que mi alma se diluya en
un vaso de quietud.

El amor me conoce
hasta el fuego,
sabe de mis desvelos,
de las caricias
entre el suelo y el cielo
repitiendo tu nombre,
y me besa en los labios
susurrando TE QUIERO,

el amor me construye de tus mismos sitios
y las mismas calles,
me sabe en silencio
y en detalle,
es como un idéntico paisaje
despertando a los sueños,
es que mi existencia
y la tuya van unidas,
TE EXTRAÑO.

Fue entonces
que los árboles se vistieron
de un pedazo de luna,
con rastros de horas,
esas que se cuelgan esperando una respuesta,
revueltos de voces,
esas que sin hablar palabra,
se aferran,

fue entonces
que te sentí junto a mí,
en el mismo ritmo, perdurando,
desligada de todo,
brotando hasta confundir los colores,
y fuímos rehenes de la poesía
que vino a sentarse a nuestro lado.

Así fue
que un día atónito,
temí al amor de quererte y extrañarte tanto,
y quise huir del sentimiento,
como si un gran golpe de viento
se llevara consigo,
la llama de tu piel,
mi locura vuelta deseo,

y comprendí que te llevaba yo en las manos,
que te llevo mientras amo,
mientras sufro,
mientras gozo,
y logré oír tu propio verso
palpitando en el alma de mi vida.

Sucedió un día,
lloré un momento
y te dije TE AMO.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Mi querido amor

Mi querido amor

 
Ahora dime
si todo lo que miras
sabe a deuda que ha quedado,
dime si tus manos nacen,
cada una en la otra
y a la par en el suelo,
dime si es ancho el paseo
sin mi cuerpo,

si en tu semblante
aún vibra el amante,
si de golpe me quieres,
y te partes en dos por amor.

Dime si tu silencio
se escribe con letras muy sentidas,
si tímida y celosa,
le regalas besos cada noche
a este poeta trovador,
dime si el amor te sabe
a aquella canción
que te dicta cada momento,

si los versos te contentan,
si el alma se aferra al corazón,
dime de tu gusto de volver
y la voluntad de quedarte.

Ahora dime
que quieres verme,
que vistes trajes peregrinos,
que entre quimeras varias
tienes un solo deseo,
que mis ojos te vean,
que mis brazos te puedan alcanzar,
que el viento te siga y cuando respiras,
que sea mi respirar el punto de tu apetito,

que mereces
las flores que da el amor,
los favores del amanecer
y amar hasta la paciencia,
dime que ante la prudencia
prefieres el fuego,
que no hay mayor placer
que ser el vencedor y el vencido.

Dime tres cosas,
que eres un beso en nombre de mujer,
que las rosas nacen con tu aroma,
tu forma y tu color,
que eres el amor,
como esas olas que traen y llevan
y obligan a elegir un camino,

dime,
que yo quiero escribirte una carta ...

Mi querido amor,
¿sabes?,
nos veo juntos,
quizá la noche, la ocasión,
tal vez todo el ser de mi ser.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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lunes, 15 de septiembre de 2014

Agosto

Agosto


Todas las noches de Agosto
me reconozco,
mirándome en el espejo,
recordando en mi cabello
tus dedos enredados,
y a veces,
una lágrima perdida y rebelde,
será simplemente que te extraño.

Los doce meses del año,
todos Agosto,
salgo a las calles buscando tu rastro,
los laberintos y el amor
tienen siempre la misma costumbre,
y a veces las ganas siguen su curso,
sin necesidad de contigo y conmigo,
y todas las noches de Agosto te pienso,
será que te amo.

Las horas del día de Agosto
saben todas a lo mismo,
todos los miedos nuevos,
todos los deseos naciendo desde la boca,
y yo muriendo por momentos,
hasta tomar la decisión de marcar con una cruz
el frente de mi casa,
para poder volver.

Todos los poetas de Agosto
saben de lo que hablo,
la rutina de las voces a los espejos,
las mariposas conversando con el alma,
las cosas que desconciertan,
como la luna,
que nunca está en un mismo lugar,
será que todos los silencios de Agosto
eligen un mismo racimo.

Me levanto todos los días de Agosto
como un hombre imaginario,
imaginando la cama y tú a mi costado,
y yo rodeándote con besos,
fusión de dos bocas imaginarias,
imaginando que te miro,
ocurriendo en tu mismo tiempo,
que te imagino dedicándome,
acompañándome
y todo mi cuerpo invadido,
imaginando que te imagino,
un Agosto que jamás pudo alejarse por esa puerta.

Nunca pensé en Agosto,
juro que no,
pero un día su aspecto
fue simple y me causó,
y pude oír,
¡quién lo creyera!,
pasos diminutos bajar una escalera,
una mujer que espera,
un hombre ansioso,
Agosto me sabe a todo lo necesario.

Agosto,
fuego regado como un río,
cosas que se guardan sin preguntas,
un trozo de piedra para empezar,
una tormenta para creer,
una frontera sin fin a nada,

¡la poesía sabe que soy
culpable de enamorarme así!,

Agosto,
¡está bien!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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domingo, 14 de septiembre de 2014

De las cosas simples

De las cosas simples

 
Ella y él
vivían en distintos barrios,
él, serio,
ella frágil,
él camino a sus primeros cincuenta,
ella miraba de cerca los cuarenta,
ella y él amantes de las buenas letras,
ella y él, llenándose los zapatos de distancia.

Ella era gustosa de las noches largas,
él prefería los mejores deseos,
corrían y se amaban
y a veces parecía,
que ella le cambiaba el nombre a las cosas,
que él soñaba con gaviotas,
y ella creía en la libertad de los versos,
y él en ella.

Él, a propósito de la humildad,
le gustaba sorprenderse
y actuar en defensa propia,
ella prefería las palabras
y al hablar descubrir poesía,
él tenía algunos poemas que le seguían los pasos,
ella prefería el otoño,
y una suave lámpara sobre el tiempo.

El amor se hace de dos elementos
que preponderan,
copas de vino y fracasos,
esos instantes en que todo está en su lugar,
hasta la humedad del jardin,
y aquellos otros en que la puerta no se abre,
y todo parece maquillarse
de una singular y plácida tristeza,

el amor sabe tanto de tormentas
como de ocasos,
ella y él se reconocen en los hechos
y saben la dicha verdadera.

Él la miraba como esa esquina primera,
de murallas altas,
de cercana plaza,
imaginando la ilusión de un beso
y un sueño sin orillas,
ella lo esperaba más y más cerca,
inventando el final de cada historia,
como una pequeña nube pasajera mullida de silencio,
ella y él como de frente a una arboleda,
él, como de costumbre,
ella, enamorada.

Ella había decidido considerarlo el hombre,
él jugaba con las hojas como quien da vida al ahora,
ella, con un sentir en forma de rueda de molino,
por lo grande y lo preciso, pensó ...
¡es él, lo reconozco bien, lo distingo!,
él fue mejor que una ventana abierta,
la tomó entre sus manos,
la abrazó dulcemente,
y un delicado aroma a violetas
los envolvió.

Él se había permitido saberla su mujer,
el amor no podía decirlo con más certeza,
él, cumpliendo con su palabra
le dijo TE AMO,
ella, llorando repitió, TE AMO también.

Ella y él perdieron los nombres
y con ellos la memoria,
ahora se llaman amor,
que cada quien los llame como quiera.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Autorretrato

Autorretrato

 
A veces no recuerdo
ni su nombre,
entonces nervioso
con mi mala voz
voy preguntando,

a veces sólo puedo compararla,
y por toda su piel imagino la noche,
y por su corazón, el hombre,
y por sus manos, los árboles,
que en cuadros imaginarios
llevo a mi lecho,
por sus caricias,
por sus besos,
por su mirada
que al despertar era mía,

y una grieta se asoma
al balcón de mi paisaje.

A veces me recorro
a las calles que de su mano me dediqué,
y me acompaño de su piel,
como esa cálida ternura de otoño,
y me invade el tiempo
que por un instante nada ha cambiado,

y me detengo
delante de una vidriera, y la veo,
no por simple capricho,
¡en verdad la veo!,
asomada a la lágrima
sorprendiendo a mis pupilas,
aromada de gente
y ella simple,
¡ahí su belleza!,

¡la conocí una vez,
su cuerpo era exacto!,
hasta besarla fue un singular ejemplo
que por amor,
yo moriré de poesía,

a veces,
lo quiera o no,
yo elijo amarla.

Amando soy el hombre
que busca el lugar más apropiado,
el de los pájaros que no preguntan,
tan sólo se llenan de aire,
el de las rocas que no figuran,
pero son necesarias en un río,
el del columpio que nunca alcanza,
pero siempre es un placer
de ahí en adelante,

amando soy entonces y por ella,
aunque a veces sea demasiado largo el camino,
y me deje invadir por falsos problemas,
y pase varios días sin hablar,
y me quede rodeado de cosas
construyendo verdades,
y no recuerde ni su nombre,

amando
no tengo remedio,
y sigo poetizando.

A veces no me importa
gritar que la amo,
¡perdóneme si pierdo la razón,
si escribo hasta morir,
si no me callo!,

a veces en materia de ojos,
soy su más perfecto autorretrato.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Por eso

Por eso

 
Eres
a quien quiero querer
como quiero,
porque sólo sé quererte así,
quererte como puedo quererte,
eres, por eso TÚ,

¡ha de ser por eso
que las flores están por el mundo,
y el aire y sus aromas!

Eres
ese blanco rodando
que me acaricia,
la sutil hoja que vence a la brisa,
la poesía que se hace palabras
y vista de atrás parece dos manos,
eres, por eso tres besos,
el tuyo,
el mío,
el nuestro,

¡ha de ser por eso
que miro el tiempo y se me hace dos bocas,
dos promesas!

Eres
un sueño jugando a la ronda,
y dos sueños soñándose gotas,
y un agua que sigue
contoneándose en su desnudez,
y el sol en la piel,
y la luna como un mar helado en los ojos,
eres tus versos,

¡ha de ser por eso
que es mío lo mío,
y tuyo lo tuyo,
y nuestra la diaria escultura que formamos,
sin distancia, sin relojes!

Eres,
conforme a te extraño,
la mirada opaca de los cristales
cuando la lluvia,
la música húmeda que gira,
cuando te deseo,
el silencio anhelante
latiendo mil veces,
cuando si tu nombre pudiera venir,
cuando yo espero pensando en los dos,

¡ha de ser por eso
que voy cayendo,
como cae el amor en un salto perfecto!

Eres
el amor que se amplía,
la pretensión de escalar el viento,
el fuego sometido al ahora
y el muro derribado por la poesía,

porque eres la muchacha,
la enamorada,
la noche y el alba
y así días y días,
una carta desconocida que alguna vez mis manos,

¡ha de ser por eso
que estás desnuda,
pero nada, nada más!,
la mujer del otro lado,
sin alas,
encerrada en mis ojos.

El amor es en mí la necesidad de ser,
eso eres, por eso TÚ.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Permite mujer

Permite mujer

 
Mujer,
de piel esperanza yo te miro,
al calor de la ternura y del silencio,

¡mujer, no me dejes amarte con palabras!

Permite mujer las manos,
para formar tus sueños
con los míos,
para que seamos dos
y todavía más,
como si fuera en un lecho,

permite mujer
los retoños de la rama,
y como una letra que arde,
ser el aire de tus grandes ojos al mirarme.

Mujer,
sorprendido estoy de tu alma
como pétalos de rosa,
de tus brazos
hasta rozar los astros,
de tus labios que me piden versos,

me gusta verte mujer
colmada de besos,
por la misma noche que a veces
roba tus caricias,
me seduces mujer,
eres la profunda rima de mi esencia.

Permite mujer que este amor
sea todo para ti,
hasta tus lágrimas,
que tus dudas caigan al sol
y dibujen tu sonrisa,
que tu mirada sea mi lluvia,
que tu vida mi sola vida
por la ley del no final,

ansío recibir el viento de tu forma,
y sin destino, la nave,
ser la respuesta que se columpia ante ti.

Mujer,
hay un instante en que las cosas brillan,
y los momentos palpitan
y todo es intensidad, entonces ...

que tu voz primera termine siendo grito,
que te sientes al lado mío,
que mi nombre sea en ti
un temprano latido.

Permite mujer
mi puerta abierta a algún náufrago,
quiero sentir que afuera se repite la penumbra,
y un arroyo de lentos ademanes,
que recién nazco,
y a tu regazo mi suelo abierto,
como si retornara.

¡Mujer, no me dejes amarte para sentirte!,
quiero ser la inevitable memoria
de la hora de tu amor.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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jueves, 11 de septiembre de 2014

Considero poesía

Considero poesía

 
Tú,
quédate a mi lado,
con las manos llenas de amor
de amoroso cuidado,
cercana como para
necesitar mis besos,
lejana como para retirar tu boca
y correr tras mis ojos,

de mi mano,
frágil de igual modo,

y conoce mi amor
en mis maneras y deseos,
expandido por el aire,
naciendo y muriendo
mil veces al día.

Tú,
quédate a mi lado,
con tu corazón verdadero
de gran fuego envuelto,
y una palabra breve
de un largo pensamiento,
reposando tus celos,
sabiéndome,

fiel a mis brazos,
abierta a la primera flor,

y hora por hora,
acaríciame
como ventura incierta,
búscame como rendida de amor,
y ámame entonces
como si no volvieses a mirarme.

Tú,
quédate a mi lado,
¡te haré tanto que el silencio
será tu servidor amante!,
¡te diré tanto que tu amor ante mis ojos,
yo veré sin cesar!,

a ti que te siento
como cuando voy quedándome dormido,
primero lentamente,
y de pronto de golpe,

¡y mi poesía a tus versos
de mi boca yo te entrego,
para deletrearte en poemas,
para ser nosotros en cada palabra,
y muy bajito en tu boca
me beses los sueños!

Tú,
quédate a mi lado
y no te salves,
quiéreme sin reservarte,
piénsame sin tiempo
y no quieras evitarlo,
y déjate caer como si siempre
estuvieses llegando,

de modo que si ocurre que no me encuentras,
que tu confianza me mire
conociéndome de a poco,
como si miraras mi casa desde afuera,
sabiendo que es contigo y conmigo
que te pido,

¡tú, quédate a mi lado!
que no es prohibido el amor,
que encontrarse tiene un por qué,

¡tú, en mi mente!,
considerando poesía.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Yo quería ver más

Yo quería ver más

 
¿Cómo te explico amor?,
que eres todo y el mar,
que si me dieras a elegir,
yo elegiría volar,

que mi palabra es tu amante
desde tus pies hasta tu nombre,
que la noche es muy larga
desde que no te llamo como quiero,

¿cómo te explico amor?,
tú eres mi más bello problema personal.

¿Cómo te explico amor?,
que la poesía desde ti
se instala en mí,
con una razón que ni siquiera sospecho,

que me basta decir TE AMO
para romper el horizonte,
que soy un mercader de puestas de sol
desde que tú me miras,

¿cómo te explico amor?,
soy tierra solamente
en el paisaje de tu alma.

¿Cómo te explico amor?,
que sueño contigo y me doy vuelta,
que eres presente,
como una difusa lámpara de niebla,

¿cómo te explico amor?,
todo está en su lugar
desde que tú estás conmigo,
¿cómo te explico?,

el tiempo que es tu tiempo
me ha invadido,
todo y cada cosa tiene su propia sombra
y te reconozco,
hasta la calle es a mis partes,
mi ilusión,
mi dicha verdadera,

¡ay de mí!,
¿cómo te explico?,
no distingo entre el entonces y el ahora
ninguna diferencia.

¿Cómo te explico amor?,
los árboles y el aire se han fundido
entre tu alma y la mía,
somos ese instante detenido frente a los labios,
quizá no lo comprendas pero ...
somos ese simple capricho de poeta,
y concedemos el error de dar crédito a lo dicho,

¿cómo te explico?,
¿alguna vez al besarme has sentido ese espíritu sereno?,
¿te ha pasado que sin decir te animaste a una sonrisa?,
¿sentiste tus ojos más necesarios que tu voz?,
¿tembló en tus pupilas nuestra razón de adolescentes?

Tenemos sólo tres caminos,
el ayer,
el hoy
y el mañana,

el ayer,
es como ese árbol desnudo
que espera a que vuelvan sus hojas,

el hoy,
es el lugar apropiado
para encender un fuego,

el mañana,
es salir a buscar otro poco de leña
sin preguntarnos por qué.

¿Cómo te explico amor?,
yo quería ver más,
por eso te encontré.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Tal vez no estabas mirando

Tal vez no estabas mirando

 
Tal vez no estabas mirando,
mirar la luna y pensar
no es lo mismo
que quedarme en tus ojos
intentando entrar,
mirando y estar,
sintiendo suavidad,

tal vez no estabas mirando,
y tan sólo fue un instante
en el que te perdiste en mí.

Tal vez no estabas mirando,
besar desde el fondo sin reparar
es ese don de nombrar las cosas
por vez primera,
es el silencio cerca del rostro
que sabe a magia,
es esa mano invisible
que pasa como el agua,

tal vez no estabas mirando
y en un sueño me sentiste,
tal la poesía que te mira.

Tal vez no estabas mirando,
oír no es una vana sombra de las palabras,
ni siquiera un reloj de arena
sin arena y sin tiempo,
es el irrevocable camino que se imagina,
es un mundo de azar y ceniciento,

tal vez no estabas mirando,
a la orilla de tu cuerpo
se desprende lleno el inmenso universo.

Tal vez no estabas mirando,
dejar caer no es resbalar,
arrojar al aire no es la brisa,
todo se siente,
como un espacio que imita,
todo se agita y es tanto,

la sutil ternura,
la rosa entre tantas rosas,
el mundo en un acto,
un solo acto en que el actor se construye,

tal vez no estabas mirando
y se le dió a la noche, la vanidad,
que las cosas simplemente pasaran
con un amor infinito,
que el amor escape de su manuscrito
y sea siempre en los labios,
como el último verso.

Tal vez no estabas mirando,
alzar los ojos no es ejercer
el oficio de vivir,
vivir no es anterior sino mirar,
mirar es otra luna más clara
y escribir en su reflejo,
reflejar es el mar, como todos los secretos,

tal vez no estabas mirando,
mi nombre no es ni verdadero ni sabido,
es mi nombre,
y si no me amas se pierde en el tiempo,
como todo lo posible.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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lunes, 8 de septiembre de 2014

Cinco noches, cinco días

Cinco noches, cinco días


Un día un hombre
conoció a una mujer,
cinco noches,
cinco días,
andando sus primeras caricias,
de la mano hasta los besos,
hasta el encuentro de sus
primeros ojos enamorados,

un día fue más que el pensamiento
y comprendió la intensión de su boca,
ser esa fruta deleitosa de su viento,
reconocerla siempre a su lado,
más fiel que un espejo,
constante como un arroyo que se mueve,

un día un hombre
fue transparente,
y la mujer encontró su mano en su costado,
dedicada cada instante a sentirla querida.

Una mañana un hombre
creyó en su cama,
en su piel húmeda
y en ella como leyéndolo,
y la mujer reconoció su mirada como
la juventud primera,
¡buenos días mi amor!,
¡buen día mi cielo!,
y las murallas cayeron sabiéndose lejanas,
y la ilusión fue un sueño sin orillas.

Una tarde,
a la hora del silencio,
el hombre recordó el mar,
como quien da vida a la espera,
y la desnudó sin palabras,
como si el olor a café
fuese siempre el mismo poema,
y la mujer supo que no había diferencias
entre el poeta y la tibieza,
y no pudo decirlo con certeza pero,
no recordó su nombre,
y se encaprichó en morir en sus brazos.

Un día un hombre
sin vacilar un punto,
sin sorprender sus pupilas
y alma serena,
la tocó sin darse cuenta de lo bien que lo hacía,
sin ocultarla de ningún modo,
como esas cosas de la vida,

y la mujer entonces creó algo,
algo de los árboles que se agitan,
de las hojas para ser escuchadas,
de las voces que los roces llenan de aire,
algo que es preciso siempre resolver,
como las rosas que serán siempre rosas
mientras no recuperen su libertad.

Un día un hombre
conoció a una mujer,
cinco días,
cinco noches,
y encontró lo que buscaba,
detenerse un instante frenta a sus labios,
tener el consuelo de su caos,
y existir,

y la mujer dirigió su mirada
haciéndolo subir,
haciéndolo bajar,
entregando su voluntad
durante días,
durante noches,

hombre y mujer,
papel y lápiz de un poco de ternura,
él, tomándola por sus cabellos,
ella, arrastrándolo hacia su boca.

Un día un hombre
conoció a una mujer
y la mujer lo conoció,
fueron días de compromiso,
fueron noches de arrebatarle el amor al alba,

¡la poesía nos dará por siempre las gracias!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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sábado, 6 de septiembre de 2014

Línea y musa

Línea y musa

 
Línea que me espera,
como la gracia de la luz
cuando las nubes son livianas,
como la flor,
que es poema urgente
al curso del agua,
como las distintas figuras
que juegan en el silencio,
cuando la lluvia,
cuando las gotas son sostén
de la noche rápida,
y los brazos,
y las ramas,
y el remolino de mis ojos, buscándote.

Línea que me escapa
y ya va por el viento,
para verme completo
y libertad de tus manos,
para mirarme pensamiento
y comprender el amor como vertiente,
línea que antes me perseguía
y ahora tendida en verdadero cuerpo,
y empecé a sentirte en presencia constante
y mirábamos llover,
de pie sin llamarnos,
sin temer,
y me asomé lejos, al aire, al llanto.

Línea dentro de mí,
entreabierta,
desordenada hasta el suelo,
como un crimen íntimo sin ley,
línea negándome el desvelo
y mi cuerpo huyendo,
sin nombre,
sin calles,
impreciso,
y tu cuerpo arrastrándose en el tiempo,
como una mujer despertando a la piel de este hombre,
y entré por mi ventana,
¡era yo mismo a quien perseguía!

Línea rincón de mi sangre,
te llamé,
me llamaste,
te broté hasta quedarme frente a frente,
¡tan blanco, tan esquina!,
¡tan sueño, tan unido a tu alma!,
y mis dedos subiendo y subiendo desde ti,
tan descarnadamente vivo,
que soy vista latiendo,
ya todo tú,
ya todo árbol,
y mi voz que no termina.

Línea con cierto aire
a causa perdida,
¡para eso siempre hay remedio!,
una copa de vino y un manojo de absurdas ideas,
pongamos que hablo de mí,
o de ti,
o de Tandil,
línea que volando bajo
pone en orden mi locura,
mi corazón a tu cordura,
y apenas quedo rendido a la luna
que de a ratos imagino,

línea que no admite dudas,
porque ante la baranda de mi balcón,
soy el mañana al que aún le debo el ayer.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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viernes, 5 de septiembre de 2014

Alma

Alma

 
Yo digo tu nombre
en el lugar de los anhelos,
donde se embriaga mi corazón,
donde la verdad sabe fresca,
sobre poesías que sólo contemplan mi casa,

tu nombre
como una pintura,
tu nombre,
por fin lo comprendo.

Yo escucho tu nombre vivo
frente a mi rostro,
desplegando su amor
como varios pájaros rojos,
como un principio allí en la orilla del agua,

Alma,
y suspendida como un papel que nunca se firma,
como una noche que cubre los locos amores,
como el goce sin acuerdo
con acento a musa.

Yo insisto tu nombre,
cuanto más orgullo más libre,
audaz, como un grito inexperto,
dócil, como un mar de olas adormecidas,

tu nombre azul mecido por el amor,
puente ganado convidado a descansar.

Yo habito en tu nombre
en contornos dibujados,
yo creo en tu nombre ligero,
como el sol sereno
de sus últimos rayos del día,
yo contemplo tu nombre como un largo sueño,

que templa lo que siento,
que arde en mi inspiración,
que es razón de brillante luz que me roba,
nombre torrente y prodigio,
Alma, siempre serena.

Yo abro tu nombre como un ciego,
y camino cubierto de tus ojos,
como una bella flor en vaivén,
como la aurora al compás de un gemido,

tu nombre desnudo como una red,
amante,
desde las ventanas frágiles,
desde los árboles inminentes,
tu nombre germen del agendado amor.

Yo elijo tu nombre
en la estación de los amores mensajeros,
en la ribera del amor que viaja sencillo,
en el dulce amor de mi edad adulta,

yo llego a tu nombre
con la virginidad que tiembla,
acá, la calle solitaria,
allí tu cama,

Alma,
como un molino sobre un risco,
suspirando en el bosque de los rumores.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Amándote como hoy

Amándote como hoy

 
Al despertar
busqué mis brazos,
como trepando a un suspiro
que mi alma merecía,
besé los labios al borde de mi boca,
fui indolente con los ojos,
venciendo al sol de cara al alba,

y fue tuyo el amor
de febril desvelo,
y dí vueltas y más vueltas,
a través de mis ropas y aquella mirada.

Y te amé sin esperar,
al futuro de tus tantos seres,
a la mujer que me aguarda generosa,
a la que concede su tiempo a mi tiempo,
a la del aire esparciendo su ternura,
a la de la rosa que sube por el espacio
de la noche quieta,

y al hablar
adiviné tus formas,
no sé si eres pura o quizá blanca,
o si tan sólo fui yo, en tu vida encontrada.

No esperé a tus párpados,
tu amor fue cosecha,
me sembraste de lunas,
de portales en donde esperabas,
por cada estrella cediste un de pronto,
y fui sin temor a tu cuerpo,

y atrevido fui el rostro de tus manos,
y bebí de ti
como una sola lluvia a la orilla del mar,
o junco lucero en la arena morena,
temblando mirándote,
arrancándote en gajos,
gozando la virtud de amarte,
pidiendo el auxilio de tus besos.

Y el alma de aquel paisaje
inquietó el pensamiento mío,

si amarte es la luna,
entonces quiero estar debajo
de los árboles en otoño,
acariciado por sus ramas desnudas,
y que tu luz me hable de amor
en gotas de rocío,

si amarte es la quietud
de un silencio sobre el sueño de un río,
entonces quiero resplandecer entre las piedras,
que tu golpear al avanzar
despierten mi verbo y mi acción,

si amarte es el nido,
tengo celos de los celos de ti.

Mi deseo de ti es tirante,
para que me ames, mis palabras,
para tus huellas, mi playa,
para tu paciencia,
mi hiedra trepando por tus paredes húmedas,
para tu viento lo que el viento quiera arrastrar,

mi deseo tumbado,
mi camino viajero,
mi para siempre tocando a tu puerta,
mi volver, siempre volver,
por aquel beso que me diste.

Yo te prometo,
sin que tú misma lo sepas,
cuando convenga,
tal vez cuando amanezca,
dejar de ser a medias
amándote como hoy,
¡nada más!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Que lo sepas

Que lo sepas

 
Este vivir que inalterable me mira,
que nadie más que yo
arriesga ahora
corazón en boca,

este vivir que vuelca en mi alma
una dulce certeza,
que quema a este árbol que soy
detenido en tierra,

este vivir cautivo
que es porvenir y nostalgia,
esta casa vendida de mi juventud,
colmada de soles y lunas y lluvias.

Nace el hombre,
con actitud y cuerpo de túnel,
y paredes de pájaros,
en un ala las flechas,
en la otra el arco,
y por labios un garabato,

nace pequeño,
como recién comprado,
nace mujer,
sin pedirle explicaciones a la noche.

Este vivir que mañana sólo será una hoja,
un quieto beso que cae
entre fuego y ternura,
este vivir que en versos te explico:

te amo por como eres,
por como luces en mi cama,
y cuando te levantas,
que en puntillas
tu cabellera y tus manos
parecen ser sólo una,
te amo por la penumbra de tus ojos
hacia todas mis vidas,
este vivir que en versos te digo:

te amo porque me amas,
como ama tu cuerpo al mío.

Nace el hombre
así como te vistes,
con la paciencia del camino
antes de recorrerlo,
como el vuelo recién volado
sobre el viento y sobre el agua,

nace con años,
buscándote,
y te busca hasta tocarte,
cerrando su viaje,
y viaja cuando tus manos saben,
cuando tus manos me reconocen desde antes,

y nació el hombre exactamente aquel día,
en que te esperé sabiendo que vendrías.

Este vivir
amor mío de esta hora,
estos pasos que van y van,
deletreándote,
este olor a tu sombra
y esta tan tuya manera de lucir,

¡muchacha, se te ama!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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No te asomes

No te asomes

 
No te asomes
a la ventana,
puedo confundir tu piel
con la noche
y querer besarte,
y robarle a la calle las estrellas
recién caídas de tus ojos,
y tus brazos
y mis labios,
y la brisa que te reclama,
¡no te asomes!,

si lo haces,
el ahora durará todo el día,
y todo el día lloverá.

No te asomes
a la ventana
cuando miro el reloj,
puede que las agujas tengan
ganas de ver algo y entonces,
tu nombre antes de que lo olvide,
y estarás llegando digna de recibirte,
en el principio de la palabra,
transparente,
¡no te asomes!,

quizá cierre los ojos y me sepas esperar,
tal vez, serena,
tus manos me quieran
porque mis manos.

No te asomes
a la ventana,
¡sorpréndeme!,
búscame entre las dudas,
contémplame en las puertas,
ordena mis sueños,
que el amor sea imprescindible
como una noche sin luna,
que la poesía llegue como siempre llega,
a tu cuerpo y a tu alma,
¡no te asomes!,

la paciencia es un río,
la caricia un latido,
la piel, una fiesta
donde el tacto es la continuación de los sueños,
y tantas cosas más,
¡no te asomes!

No te asomes
a la ventana,
mi rostro no está
sino enfrentado a tu espejo,
no me encontrarás,
no es fundamental,
aunque creas que lo sea,

el amor no es de nadie
por eso existe,
como la utopía,
el amor es siempre,
anterior a mí,
a ti,
a todos.

No te asomes
a la ventana,
si no me llamas no te llamo,
no te asomes,
¡deja a la noche hueca
tan sólo esta vez!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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martes, 2 de septiembre de 2014

Toda vez que escribo

Toda vez que escribo

 
Ahora bien,
yo necesito decirte que TE AMO,
que sueño con lo mucho,
que le hablo a tu nombre,

que estás en mis noches largas,
compensando el amarte
con lo que a diario
pienso de ti,

que tus pedazos de vida
son mi lámpara encendida,
que el sol de la mañana
no es necesario para abrir los ojos,
¡si yo siento tus caricias!,
¡si tu alma es cada hora
a mi boca prometida!,

figúrate que es tuya
mi dicha y mi placer,
el empeño de amarte mucho.

La mano de mi amor golpea
lo más hondo,
y te imagino mi amor,
¡tú sabes que si!,
tus labios estrechando mis labios,
tu piel como el aire y la vida toda,
mi habitación y tu cuerpo tan suave,
tan lápiz, tan cálido,

como una flor de inocencia,
una ola de vicio,
un insomnio rosa
porque tú sabes,
porque yo elijo,
un amor sangrando
en un claro rincón del corazón.

Desnudo,
hablándote al oído,
como si el amante meditara los instantes,
y entonces no supiera si lentamente tocarte,
si hundirse feroz a tu estancia,
si sentarse enfrente de tus besos
a porque beses,
si abrazarte con ternura y palpitante,
mientras el ave del silencio pasa el tiempo,
escalando la muralla de la pasión.

Eso pasó,
pasa y pasará,
fue ayer y será mañana,
tu belleza que sobre mis libros reposa,
el anhelo de mirarte y desearte
sintiéndome de ti, cautivo,
y con amor llegar hasta ti
toda vez que escribo,

abriéndote en quijotes
con palabras que hacen blandas las cosas,
transformándote en entonces,
como un lazo sin llaves
murmurando que he venido por ti.

Ahora bien,
camino tu barrio,
rondo tu calle,
sé de tu casa y lo que cuentan tus esquinas,
y en tu jardín la luna
que te envuelve desnuda,
y yo, que sólo necesito decirte que TE AMO.

Toda vez que escribo
eres el amor,
el medio mío,
el amor que me rodea.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

Copyright © Todos los derechos reservados

lunes, 1 de septiembre de 2014

Rodeado de ti

Rodeado de ti

 
Soy un hombre rodeado
de infinitos aires y sombras,
de voces curvadas como una hoja,
que vencida por sus ramas
aún cree en su blanco verdor,

rodeado por un trébol y sus manos,
deseos de dos sueños
jugando en derredor,
mientras yo te miro
y te miro,

soy un hombre
de dos promesas,
en mi intemporal interior.

Soy un hombre que cuando llueve, destiño,
tus mojados brazos son gotas que me siguen,
y mi color se vuelve un lejano verbo
dando luz a los vientos
y a mi desnudez,

rodeado de tus ojos
traspasando mis ojos,
y mis pupilas sin quiebro,
como un agua detenida,
y mi pel precisa como una brisa sonante,

soy un hombre
con un pedazo de mar,
y sobre tu muelle yo aprendo a caminar.

Soy un hombre con largas tiras de papel
para que sigas dando vueltas,
para que suspires,
tú, laguna del ocaso,
yo, vela ceñida a tu cintura
comenzándote a leer,

rodeado de la vida urbana y simple,
y hombre otra vez,
cuando otra vez de ti las ganas,
el amor que me alivia el alma
cuando presto a descansar,
y me tocas llegando hasta mi carne,

soy tu hombre,
y rodeado de la noche tú me pides:
¡hazme caso!,
¡hazme tuya!

Soy un hombre de ese lugar,
donde sólo tú,
la mujer que esperó la hora,
que me supo enamorar
todos los días,
rodeado hasta quedarme dormido
sin nada preguntar,
¡ni falta hacía!,

rodeado hasta empezar de nuevo,
como un círculo,
donde nos hacemos el amor o morimos.

Ya lo sé,
tal vez sea la urgencia mía,
de nosotros,
de este lado vacío,
tal vez soy un hombre acostumbrado a tus manos,
por eso interminable el amor mío,

rodeado,
separado del mundo,
rodeado,
penetrado y cierto.

¡Soy un hombre,
me aprendo en ti!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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Algo así

Algo así

 
Esa mirada desnuda
que apenas puede vestir,
esa palabra que tiene
un dejo de pensamiento,
que arde en la tempestad,
que es placer en versos,
ese secreto imposible
que entre nosotros es familiar,

ese sueño de claro día
que es lejano lugar en las noches,
esa inquietud que se pinta
desde el fondo de un espejo,
revelándose en alma,
en un mar de tic tac sonoro de viento,

algo así tu cuerpo,
mientras callo
llenando el aire de sombras.

Esa ciudad muerta
cuando camino de madrugada,
esos umbrales que bien quisieran,
dejarnos abiertos entre caricias,
ser perfecto silencio
de la lluvia que nos cobija,
lo que mil veces siento
y otras mil veces,
tu llave vertiendo mis aguas,
lentas de un lento gemido,

ese responder a la fuente con rubor,
con un delirio de amor
de tus labios al besarme,
ese suspendido aliento como un fruto,
como un blanco muro
donde tu boca aroma,

algo así tu cuerpo,
mientras gira la ventisca,
ingrávida y adolescente.

Esa hierba desierta frente a mi casa,
que parece lucir pálida,
meditando,
ese momento que se queda
cual álamo, serpenteando,
que desaparece y vuelve,
que parece clavado a mis ojos,

ese golpe de sol dando margen a este poema,
y esa inmensa luna que es rima y armonía,
y ese rincón que es puente transparente
de tu piel a mi piel,

algo así tu cuerpo,
un arco por el que camino
y al caminar dijera:

¡apenas soy árbol
de esta espera,
mientras te pienso y llegas a
mi oído desde la ventana!

Ese amor como un balcón tras el vidrio,
y tras el ruido de la calle,
y tras la cubierta bella de los paisajes,
y tras el lecho en gotas de acento,

algo así tu cuerpo,
el ladrón y el robado
resbalando por la misma piedra.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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