miércoles, 6 de agosto de 2014

La del Quijote

La del Quijote

 
En ti,
un suave rastro de mí
cuando sonríes,
cuando regalas tus deseos
a los momentos,
cuando te vuelves hacia ti
sujeta de mis pensamientos,
cuando tu mano es una oleada intensa
dibujando mi boca,
besándome en gimos,
perdiendo el control
entre relajada y goza.

En ti,
mi voz,
como deteniendo las cosas,
como una poesía de escasas sílabas
a la que permites penetrarte con su mirada,
eres la primera de mis nubes,
soy la tarde sin límites
que dejas caer desde tus ventanas,
eres agua en las noches
y lo demás sólo sombras,
soy la sed de tus labios
a fuerza de besar.

Adivino en ti
un granito de arena
en una inmensa playa,
donde si dieras un paso más
vivirías soñando,
donde tú, entera y desnuda
y yo con mis ojos abiertos,
amándote lejos,
invitándote al llanto,
volando muy alto o a solas en tu cuarto,
con tus dedos al viento
y mis dedos entre las hojas,
adivinando que dejas que te piense,
toda ante mí sin consentimiento de distancia.

De ti
esa pausa del mar
cuando la luna se desprende,
y los árboles negros,
y las calles blancas,
¿cómo no he de adivinarte
si te adivino por ello?,
es largo mi corazón
y muy adentro mi pecho,
es lento el amor mío,
poco a poco,
de los que van matando,

como quien adivina
una piel desnuda detrás de un vidrio,
fácil como un niño,

"cuando miro tus ojos
pienso en un hijo" (Jaime Sabines).

Adivino en ti
lo que busco,
lo grácil de lo simple,
la flor que a su color mece,
las historias que siempre murmura el viento,

adivino
que quieres apretarme
el corazón con tus manos,
y tu cabeza reclinada,
y tus suspiros de amor y de mi amor.

En ti
todo lo que hay en mí,
sangre y palabras,
cuando ya por el mundo
quiera yo pasear toda mi locura,
la del Quijote tras la nobleza,
diciendo bien,
sin dónde,
sin quién.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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