martes, 26 de agosto de 2014

El verdadero amor

El verdadero amor

 
El verdadero amor
no es otra cosa
que un camino
de muchas veredas,
caminando o corriendo,
quizá bailando
sin preguntar dónde llevan,
camino de cosas buenas
y otras no tanto,
como la lluvia detrás de los cristales,
como un libro en la mano
una fría tarde de invierno.

El verdadero amor
es un deseo inevitable,
de una fuente limpia
y su rostro reflejo,
de un patio en silencio
y una brisa ligera,
amor que evoca el aroma
de frutos que sueñan,
cantar de niños que juegan
con risas eternas,
amor de lágrimas viejas
que nunca se cuentan,
miradas que borran la historia
mientras el sol calienta.

El verdadero amor
es aura de nombre
y eco de pasos,
es repetir en los ojos
lo que el corazón aguarda,
es el preludio
al suspirar un poema,
una sombra tibia,
una razón sola,
una mano blanca
que no corta las flores
de un balcón florido,
un momento que espera
mientras la serena luna
alumbra en el cielo.

El verdadero amor
es dueño de la boca
como si fueran manos,
de la paz leve
entre testigos nubarrones,
amor que abarca sin nada
y sin nada es rey coronado,
airoso como las alas,
frágil como la noche
despuntando el alba,
amor que se tiende para enamorar
con la intensidad de la sangre,
amor que también es libertad,
y por libre,
es aire cercano que brota y arde.

El verdadero amor
es pasión,
es radiar en torno
a una mirada de espejos,
es inundar al roce directo,
y no querer más que su cuerpo en tu cuerpo,
amor rendido a tu costado
hasta doler el aliento,
sin un beso de sus labios,
sin el conjunto de su calor,
amor, a veces temprano de madrugada,
otras, desde el suelo,
amor hasta encontrarlo,
como un amante labrador.

¡El verdadero amor
es un te quiero más,
un te re quiero!

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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