sábado, 12 de julio de 2014

Y una lágrima

Y una lágrima

 
Deja a la lágrima
que se hunda lenta en tu piel,
que olvide tus ojos por un momento
y no tema sentir,
que la lágrima es gota
que la rama derrama
mientras tú la miras,
lágrima furor del alma,
que a los labios no puede engañar.

Deja a la lágrima henchirse
de orgullo y verdad,
y soñar a lágrima abierta
asomando de ti lo que puedes dar,
lo que mereces,
tal vez tu última sonrisa de amor,
quizá un remedo de aire
naufragando en luz,
colores y palabras sin sentido, o con él,
deja a la lágrima exaltar y desfallecer.

Deja a esa voz de indócil corcel,
que es la lágrima,
modularte,
que se crea suspirando aunque invisible,
de mirada de cristal,
que palpite y estremezca
de olas de armonía,
que bata sus alas
como un amor de niebla,
deja que pueda amarte
como ella te hizo,
un libro abierto,
que apresurado y encendido.

Deja a la lágrima comprenderte,
ya que eres un poema,
un poema de lágrimas donde el amor
deja sus huellas,
versos cargados de silencios
que hablan de amor como al pasar,
¡lágrima sentir creo que me envía tu corazón!,
lágrima que hasta tus paredes saben,
y yo tiemblo envolviéndote sin brazos,
de cara al ventanal.

Deja a la lágrima tocarte incansable,
y que despierte tu primera vez,
y llorar como en espiral inmensa,
y derrámate en lluvia,
y entiéndete enamorada,
lágrima de agua y de color poesía,
¡déjate!,
que así cae el cielo
y desnuda el aliento
y se tiende la razón,
cuando ya nada puede explicar,

deja a la lágrima ser un marco
como cuando se mira al sol,
y sabrás de mi mirada,
y nada más.

No hay espacio que nos separe,
para los párpados no hay noche,
sino adentro,
y una lágrima responde.

Tinta de Sangre
Marcelo Roberto Galán Capel
Namaste

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