lunes, 9 de junio de 2014

Un poeta en claroscuro

Un poeta en claroscuro

 
Un poema nunca termina,
se deja para más adelante,

y entonces la poesía
se vuelve la diaria melodía
de cada gesto,
cada despertar como versos
que vienen y van,
humedad que en las manos es pasión,
miradas que temblando
son un crepúsculo entreabierto,

y a veces el amor está lejos,
como un balcón abierto
a dos voces que se aman,
y no podemos estar a solas
con nuestro cuerpo,
y sentimos en el alma sólo sueños
que quisieran desnudarse en suspiros,

y el poeta grita a los hombres
y mujeres que van saliendo,
¡ustedes, los que tienen frío,
díganle a sus recuerdos que les den colores,
que las tardes dejen caer más lágrimas,
y que una vez la noche,
se humedezcan hasta los árboles!

Estoy en mi cama,
el rumor de gotas es a tu perfume,
como tus ojos,
largos y caminos a por mi piel,
estoy en mis sábanas imaginándote a mi lado,
toda entera,
con mi nombre,
sin mi sombra,
estoy allí donde el amor es beso,
y el beso es sentirte como la dicha conseguida.

Y el poema es un tiempo
que no se ha perdido,
la vez primera de un pasado,
el presente invisible que se posa en las manos,
el futuro que mira el río,
sabiendo que es otro río
mientras lo acaricia el agua.

Te siento,
te miro revelarme en mi propia cara,
¡y se me ocurren tantas cosas!,
que por un instante se me olvida
mi oficio de escritor,

se me ocurre perderte entre
todo lo mío para mirarte compartida,
y recordarte
cuando es clara la luna,
y en pétalos de ternura
extrañar la suerte de la última hora.

Un poema nunca se oye caer,
su suerte es curiosa,
se nutre de pájaros y amantes y hojas,
¡es incomparable!,
como tu cuerpo y mi cuerpo desnudos.

Desnudo,
¡qué placer el aceptarte desnuda en toda mi piel,
y tú vibrando en mis rincones
mirándome y dejándote mirar,
así mis labios convirtiéndose en cielo,
¡así luzco ahora!,

un poeta en claroscuro,
una luz desbaratada
vez por vez.

T de S
MRGC
Namaste