lunes, 14 de abril de 2014

El amor me ha cambiado

El amor me ha cambiado

 
Y entonces el amor
se me antoja un sueño,
un vuelo en un instante
donde el sol sea lento
y la luna sangre,
un tiempo gentil
que sepa bien separarnos,

para incapaz de escribir dos versos seguidos,
deje al silencio turbar mis pasos,
y a tu nombre acariciar mi rostro,
y como un suspiro seas,
a veces mis manos.

Y entonces el amor
se me antoja un reflejo,
un balcón abierto desde donde poder mirarte,
y ser por momentos como el que era antes,
un amor enredado entre el pecho y las sábanas,
un amor de lámparas y azahar y pensarte,
un amor de gotas de palabras,

para que hable mi alma,
para que mis ventanas desgranen en
venturoso amante como tu voz,
para que mi corazón trovador te sienta,
y puedas volver surgiendo de las muchas cosas olvidadas.

Y entonces el amor
se me antoja disperso,
guardándose de a ratos en poesía,
sorprendiéndome sin defensa,
como si él fuese una incesante brisa,
como si yo una simple hoja que rueda,

para esperar el momento
de saberme desnudo ante ti,
no en ningún otro cuerpo sino en el tuyo,
en tus labios y su mundo,
por ese amor por el tiempo guardado.

Y entonces el amor
se me antoja sinceridad,
mirarme en ti y encontrarme,
y que mi boca se conmueva germinándote,
y que me quieras poseer,
de entre tantas razones creativas,

para ser el coito de tus aguas,
el árbol que te abraza,
cada mañana y la espalda que jamás acaba,
para despertar y que al mirar no me sorprenda, o si,

que nuestra presencia se palpe,
que seamos nuestra mejor lectura.

Y entonces el amor me ha cambiado.

T de S
MRGC
Namaste