martes, 25 de marzo de 2014

Prodigio

Prodigio

 
No sé si lo soñé,
las olas bajaban hacia mí
como mareas de nubes y sombras,
no sé si fue tu cuerpo o las rocas que imaginé,
lo cierto es que me dejé reposar
bien largo en el tiempo,
y fuiste recuerdo y piel.

En el centro de mi espalda pude sentir tus manos,
yo estaba apenas despertando
y supe me respirabas,
tus labios parecían vagar
entre la luna y el quizás,
y me estremecí al pensarte,
y fue incesante la lentitud de temblar por ti.

Y me volví y te encontré,
tú estabas junto a mí y dormías,
parecías contener el andar
y cada silencio despacio,
y tu regazo hecho de noche y viento,
derramaba en mi cuerpo algo parecido al amor,
todo alrededor.

Y de pronto las palabras
cual manantial del alma,
antes de ti y antes de mí pero el amor como esperando,
y tu cuerpo se volvió promesa, arrojándose
a mí como una piedra al agua,
y yo me sentí tormenta, algo de vuelo de pájaros
y manos despertándote a la vida.

Y el tiempo se hizo instantes,
y el principio y el final eran tan sólo
separados por un suspiro,
algo de dos ríos que fluyen,
deseos que se funden,
de ojos que enamorados recogen miradas, abrigan desnudos,
que toman cual conquista y acaban para volver a empezar.

Y te busqué revolviendo las horas
con mis ojos abiertos,
y pude callar,
por más que me pedías que yo te leyera,
pude callar y le negué a mi voz su amarre con el aire,
yo quería mirarte, como un sueño largo que nunca termina,
con un corazón desierto, vírgen y a mi pecho, a por la siembra de tu amor.

Tú no eres distinta y
yo no soy lo mismo,
yo en mi pequeña casa
y tú donde habita mi boca,

¡estoy llamándote,
quiero acostumbrarme a ti!

T de S
MRGC
Namaste