viernes, 21 de marzo de 2014

A que tú me rescates

A que tú me rescates

 
Si tú no eres, no sé,
si tú no quieres, no sé,
si no me haces, no sé.

Vienes como ese verso oculto
que nunca me atrevo,
y te profieres en el tiempo
y eres silencio en mis labios,
eres el manifiesto que atrapan mis ojos,
y te cubres de puño y letra para llegar.

Tu lugar es el lugar de las cosas invisibles,
esa pintura gris ceniza
que necesita vez tras vez la caricia de tu alma,
quizá porque no terminas nunca de arribar,
quizá porque nuestra poesía es viento,
y esa oportunidad y encuentro
necesita de afecto,
de tus palabras,
de mis palabras,
de cada envoltorio del cielo que se permite ser luz.

¡Cuéntame una historia si tú me amas!,
la de un poeta y una princesa que juntos
podían escribir el libro jamás escrito,
cuéntame de ese río que aún espera
por tu piel y por mi piel,
de cada atardecer y abrazados,
de todo amanecer y enamorados,

¡cuéntame!,
el deseo es redondo cuando te siento.

Yo estoy aquí,
desnudo y te percibo,
la juventud de las brisas me enturbia la voz
y entonces te escribo,
hay mil mundos desde mis ventanas
pero sin ti ahora,
mi mirada tan sólo se detiene en ese árbol
al que el otoño desviste sin piedad,

yo estoy aquí,
en el interior de mi interior a que tú me rescates.

Hay rumores de pájaros en mi habitación,
y alrededor de mis pies,
y tendidos sobre la cama,
hay pasión enredada desde lo alto hasta el suelo,
y dos cuerpos que necesitan,
y besos sin espalda,

hay yemas en los dedos encerradas,
hay gotas que se recogen vírgenes,
y tú allá, y tú sin mí.

No puedo ir a buscarte,
es imperioso que te asomes,
que estés abierta a mi aire,
de ti mi espera siempre,
la sangre de mi tinta, mi boca,
mis manos,

de ti mis noches,
las noches de este hombre,
las tardes de este escritor,
los días de este poeta enamorado.

No sé,
de pronto la vida abrió sus ramas,
y dejó solo en mi pecho este poema.

T de S
MRGC
Namaste