miércoles, 15 de enero de 2014

Déjame

Déjame


Déjame al borde mismo
de tu sueño dar un paso más,
para treparme a tu rostro
en despacio soplo,
para sobre tu cuerpo volverme entero,
y ser ese desnudo deseo que te espera,
sin prisa,
sin renunciar,
al borde mismo de tu alma,
pensándote.

Y entonces te pienso,
con tu nombre reducido al amor, y te siento,
con esa intimidad que siempre nos encuentra,
reposo y conquista.

Déjame al borde mismo y erguido de tu piel,
hacerte la mujer que vaga en mis caricias,
déjame en el otoño de las fuerzas poder mirarte,
en ese instante en que ni la pálida luz, duerme,
para sobre mis ojos abrirte,
para nada decirte
y recorrerte en hojas,
y remontarte en nubes,
déjame a mitad del deseo,
déjame sin preguntas.

Déjame quererte al borde mismo del amor
cual si fuera lluvia,
y de pronto tocarte
para así amar lo que no dice tu cuerpo,
déjame a tu costado inventarme,
para en mis labios tenerte,
para que la noche no baste,
déjame reemplazar los cielos por tus ojos,
déjame empezar de tu mano,
y tú y yo despacio, al borde mismo.

Déjame en un beso suave besarte
con mi boca en tu boca,
un beso de bocas juntas,
un beso que tú abres y yo te sigo,
déjame confundido de mirarte murmurando tu nombre,
déjame llenarte con mi alma,
y quererte en libertad,
y sentirte como el agua para soltarte lentamente,
déjame al abrigo de tus párpados,
déjame descender por ti,
¡déjame!

Déjame al borde mismo de tu voz
ser tu silencio,
como ese aire que apenas se guarda,
como esa veta de luna en la nostalgia,
como esa huella en las ansias que confirma,

déjame cuidarte como abiertas todas mis flores,
¡déjame!,
que el amor más ingrávido
siempre es al borde mismo.

Mi forma de quererte es descubrirte,
que tu forma de quererme sea dejarme,

¡déjame!

T de S
MRGC
Namaste