viernes, 1 de noviembre de 2013

Pequeña flor

Pequeña flor

 
Gota de lluvia,
de ternura resignada,
de despertar vibrante por
entre el paisaje que te realiza,
gota que te deslizas por
el fruto del amor,
dos amantes y un cristal,
y los tres unidos en una canción,

gota, que te desgarras por el alma,
que las más de las veces eres nostalgia,
que te muestras cercana
cuando te vuelves los ojos, y el color,
y ese cielo interior que descree de imposibles,

gota, el silencio que el infinito mira,
ese humilde manantial,
ese corazón desierto de ramas.

Una gota de lluvia me habla como si en el
horizonte palpitara tu nombre,
y lucieras con cintas por cabellos de ajetreadas nubes,
y tu voz de gaviotas, de surtidas rosas y esperando,

gota,
no te tapan las hojas,
no eres mariposa,
no llegas cargada, simplemente caes y vuelas,
como cae gentil la soñolencia amable,
como vuelan los besos inquietos, constantes.

¡Ay gota de ritmo gris y sangre!,
¡ay turbia ventana vuelta poeta!,
no sé si tu tormenta es a mi pecho como su piel,
no sé si tu senda moja mis recuerdos,
si tu sombra me piensa,
si en tu sudario queda su fotografía aún,

no sé, si me corresponde lo profundo,
si me resumo simplemente en estar abierto,
al suelo,
al derramado fuego,
al crepitar de alas cuando agitan pájaros, no sé.

Si mis manos pudieran deshojarse serían madrugadas,
esas que llegan de los astros
y poesían con la luna hasta el cansancio,
como gotas que se sienten silencio de un reloj de arena,
como esa lejanía que suena,
como esa suave lluvia que algunos llaman estrellas.

Gota,
mi pequeña flor,
serena como un verso y tú,
la mujer que amo.

T de S
MRGC
Namaste