domingo, 3 de noviembre de 2013

Mar de una palabra

Mar de una palabra

 
Te sigo buscando  
entre el tiempo sin verte,
por trastos viejos como el otoño
loco que se desnuda en soledades,
cerrando sin nunca aprender mares y recuerdos,
alimentando los fuegos,
devorando vidas a los pies de una chimenea
te sigo buscando,

te sigo buscando,
mientras lloro por los niños
que nacen que no llevan tu nombre,
y quizá tu piel sienta mi piel en gajos,
o tal vez mis labios se atrevan a llamarte,
a discutir con los paisajes por no darme tus ojos,
por alejarme de tu rostro cuando la marea baja,
te sigo buscando, de ti depende y de mí y de las palomas al alba,

te sigo buscando,
¡déjame ser!,
déjame agasajarte en besos,
acariciar tus cielos y caer en ti, la mujer de mi vida,
mientras tanto la tarde ha perdido aquí sus pecados
y a punto está de emigrar,
y el sol se vuelve lágrimas que de rocíos rebeldes,
al cabo, mi cuerpo sugiere, y vuelta empezar
mis manos entre la verdad de nunca acabar de aprender.

¡Ay mujer!,
dame los miedos por los que aún debo soñar,
dame la emoción quijotesca de un Caballero en Dulcinea,
y la madrugada en molinos de creer en utopías,
dame el cansancio de arrastrar los fracasos,
y los pasos de espejos rotos por tantas y tantas urgencias,
TE AMO y lo sabes,
¡acompáñame en la vida!,
no hay mucho más que lo ves,

y lo que ves es un mar de una palabra que cae en tu horizonte,
un niño vuelto hombre como una tinta en su sangre,
un mar de libertades que sólo en tu mar descansa,
un amor que espera a poca distancia del sueño,
un abrazo de amante que siempre vuelve,
una pertenencia de alas y nubes y un poema que no se confunde,
y va por el mar de tu aliento y amor.

Te sigo buscando,
¡ay amor!.

T de S
MRGC
Namaste