martes, 26 de noviembre de 2013

Después de la lluvia

Después de la lluvia


Después de la lluvia
todo es como lo ves,
el alma que amanece
y despierta,
los ojos que saben de las mismas
certezas que un espejo,
los silencios que no son más
que labios que miran desde el cielo,
y las llaves, que ya no cierran puertas,
que simplemente vuelan,
para mostrar surcos de tu nombre
y de mi nombre, juntos.

¡Sin resistirme a nada,
siento que el aire me reclama después de la lluvia!

Mi casa tiene un amplio ventanal
por donde el sol se cuela,
y la luna desnuda estrellas,
y las gotas de agua se deslizan,
y el viento graba su voz en heridas,
y en ese paisaje,
tan viejo y tan jóven como permaneciendo ahí desde siempre,
TÚ, meciéndote como en un perfume
que viene de los jardines,
y me detengo,
más bien imagino a no creerte pero sucedes,

por eso el después de la lluvia,
¿sobre cuánta fragilidad reposan mis manos?

Soy una gota,
el madero que le devuelve a las olas,
el aroma que las piedras robaron por sólo mirar,
soy el quizá de una larga noche,
ese extraño cuerpo recostado por todas tus partes,
soy quien soy pero de nadie,
casi invisible, como esa presencia
en sorbos de mirada,
esa gota de agua que me dió una vez
tu desnudez, sin censura.

Después de la lluvia te necesito,
porque nadie como tú,
esos segundos frente a la boca,
ese suspiro consumido y ligero,
esas ganas de ti hasta el desespero,
como esos párpados que se envuelven en rimas
y versos mojados de infinitos besos,
y versos cruzando fronteras,
y versos como testimonio de amor infinito.

Después de la lluvia,
siempre hay un sueño
con el que marcharse hasta el amparo,
hasta los árboles,
hasta el manto de las hojas,
hasta las caricias seguras de que habrá un lucero,
como si nacer y morir fuese más que partir,
como si todo se limitase a cambiar de color,

porque después de la lluvia no cuesta nada soñar,
nada construir en el corazón una imagen,
una simple imagen de un amor simple,
como un beso al despertar.

T de S
MRGC
Namaste