viernes, 22 de noviembre de 2013

Acariciándome

Acariciándome


Nunca me importó deshojarme,
siempre quise sentir el placer
del viento,
acariciándome.

Envuelto de ti en el silencio,
beso tu mirada detruyendo todos
mis miedos al amarte,
grito que soy tuyo,
que mi alma te espera de mis
brazos abiertos,
y soy el tiempo de tu cuerpo,
tu boca que me desea,
mis manos que incanzables frente a ti
sólo desean más de ti,
más de los dos y la fuerza de esta piel,
¡dame tu refugio y tu amanecer!,
hazme sentir el hombre de tu vida.

Acariciándome,
así vuelven mis caricias del ayer,
acariciándome, desairando al amor y a esas
absurdas veredas que a veces obliga la vida,
mis alas son tan libres como el aire,
mis manos sinceras me recorren como si
quisieran vivir dentro de mi ser,
acariciándome,

¡yo quiero ser correspondido como las olas que
van y vienen, y desnudan sus secretos en la arena!

Desnudo estoy,
soy como ese nacimiento que llega,
y acariciándome busco abrigo,
como el viento dejando
su voz entre las ramas.

Entre las sábanas te siento,
tienes ese olor a copa de vino y penumbra,
me encuentro,
tengo ese aroma a piedra y madero que saben de caminos,
te veo única e inolvidable,
me veo instinto por culpa del azar.

Las palabras te despiertan junto a mí,
tus manos y tus dedos humedecen mi piel
como ese aliento que se desprende,
como esos besos de alborada en las ventanas
que funden los cuerpos,
que sueñan añorando el amor
de un mismo sendero,

acariciándome,
porque este deseo me recorre como brisa,
como esa madrugada que sólo los rincones guardan
sabiendo y yo, yo acariciándome,
tocándome, apilando recuerdos
entre mis versos y mis labios,
resbalando como hojas,
como lluvia entre las manos cuando no hay
más voz que mi voz,

y el silencio que a veces el agua,
otras el viento,
acariciándome.

T de S
MRGC
Namaste