martes, 29 de octubre de 2013

Otoño sin frutos

Otoño sin frutos

 
Cuando te amo,
y tu cuerpo en mi costado,
y tu cabeza en mi pecho,
y tu cabello en mis hombros,
cuando mis brazos te inventan en
esa casi quietud de tu vientre al respirar,
y sin hablarte te miro,
y sin mirarte te encuentro,
y ese silencio camina lento entre suspiros,

cuando conmigo te tornas breve,
y eres tan eterna como mis pies cuando cobran alas por ti,
y tus labios se llenan como se llena
mi cielo cuando te siento,
y mi torso limita con tu fuego,
con esos sueños que yacen pintados de amantes,

cuando ardes, y se han acabado las dudas,
y las cenizas ciegas y enamoradas son el gozo,
y en mi rostro nace de mí, tu sombra,
y amaneces tímida y me amas,

cuando tu nombre trata de escribirme un TE AMO,
y en penumbras pasea de un lado a
otro derramándote, derramándose,
cuando tu razón amordazada sabe del capricho del beso,
de ese corazón lobezno cuando me busca y me tiene,

cuando mis manos comprenden y en torrente se ensanchan,
cuando se encrespan tus ojos,
y una tempestad sin viento me alimenta,
y los espejos son puertas,
y los reflejos de la luna bañan de luz los rumores,
cuando ni mujer ni hombre, no más tú y yo mirando la azul lejanía,

y me da por amarte como una flor en el camino,
y a mi lado tu inmensa palabra me asoma,
y de ti copia la noche sus albas de ensueño,
y de mí, conserva el oscuro los pecados,

cuando enamorarse es despertarse natural,
un otoño sin frutos me ve, y me habla como a los gritos.

Mi cordura es un jóven de viejo madero,
mi poesía es una tierra abierta al aliento,
de mis aguas un momento, como un roto resplandor,
así el amor cuando te amo,
la vida misma,
una tersa savia,
una pequeñez que no importa si ser uno o dos,
sólo el amor,
porque te amo, porque me amas.

T de S
MRGC
Namaste