viernes, 30 de agosto de 2013

Llovizna en racimos

Llovizna en racimos

 
¡Ay amor!, solo en ti desataré
el aire que desgarra mis cielos
desgranando mis días, solo mi
brisa acariciará las aves, cuando
tintinen las voces de lluvia y repose
tu sangre en la mía, mía, como tu simple
ternura sin fin, como el desvarío salvaje que
nos hace amantes, que nos vuelve transparentes,
como si la noche y el alba fuesen un solo lecho,

¡ay amor!, yo digo amor y sobre mis ojos
parece reposar tu piel, recostaba, bienvenida,
esclava profeta de arena reclamada en jazmines,
¡amor!, maderas tu corazón en el mío y determinas
mi viento, te vuelves dueña de mis momentos
y me llenas con tu aroma tenaz e impasible, amor,

¡ay amor!, las hojas mojadas de aliento se
han vuelto travesía de nuestros sueños, me
amarras a tus pechos, me sumerges en tus
alas y como una llave enamorada, abres sin
preguntar todas mis puertas, la de mis manos
que vuelan a ti, la de mis besos que reinan tu
tierra, la que labra sin tregua tu frágil luna,
la que te desnuda, de enramada en enramada,
mientras giras y duermes, en las aguas de mi tiempo,

¡ay amor!, me llevas, me traes, caes en mí,
te cuelas, repartes mi aurora en pétalos, me
completas, me das vida, vacilas en mis versos
con una lentitud que prepara, vagas, una copa
de vino se vuelve corriente en tu piel y me dices ¡bebe!,
¡sacia tu sed de mí!, y me conmueves, mi boca
promete treparse a tu palpitar crepitando en tus
senos y por un deseo, un breve destello y deseo
te vienes tres luces, temblor herido incesante
de pasión, apenas razón de pájaros que antecede
la miel, mujer, flor que abarcas mis silencios
como llovizna en racimos,

amor, ¡ay amor!, ¿qué será del amor después de nosotros?

T de S
MRGC
Namaste