martes, 30 de julio de 2013

Y que me abraces muy fuerte

Y que me abraces muy fuerte

 
¡Y que me abraces muy fuerte!,
tocando mi aire, terríblemente,
como un escultor acariciando el suelo
hasta donde le alcanza la voz,
en roce apresurado pero flexible, tembloroso
pero carente de miedos, para seguirte en cada instante,
y volverme la entrega confundida de pájaros,
un manantial de calles que confluyen en ti,

yo mismo crezco por las pasiones,
trepo por tus tiempos y me derramo
en el poder de tu sonrisa, como un privilegio
de la vista, te miro, como un regalo de la
brisa que me domina, descanso en tu rostro
mintiéndole a tus labios, ¡y que me robes el
cuerpo como un pescador de deseos!,
como una máscara que se viste de cielo,
como una nube que trae un viento,
y palabras de otro viento se lleva,

a veces me pierdo en las estrellas,
y me niego a toda espera y marcho tras la
luz que aguarda por mí en el infinito, y me voy,
sin agua y sin amor, sin tu boca que besar,
sin heridas que liberar como las alas de un árbol,
¡y que te vuelvas mis pies descalzos arrancándome
las ramas!, y tú y yo dos amantes rendidos
al arte de amarse, entre gemidos y silencios,
verdades y más verdades dilatadas en nuestra orilla,

¡y que me entiendas mejor!, preguntándole al sol,
liberada gozosa de auroras y de hojas secas,
y de un amor en la mirada que no huye,
y que nada aquiete el verde de tu rocío
cuando te atreves, cuando vibras en el alma
siendo presente en el alba, suspiro que huele
a rosa escondida, así de frágil ¡y que te vuelvas
mi vida!, una vida de estar, diversa, desde el
ayer hasta el olvido, una vida de río dama de
su ritmo, caballero de la noche sin temor a ser
un breve encuentro,

¡y que te vengas esa grandeza sutil en lo mínimo!,
un recuerdo, un presagio, un presente de tu voz
sin manos y en tinieblas, así mi tierra entre grises
peñascos que roba gajos de sol, así el amor que
amanece siempre en una humilde pradera,
donde la hierba llora en gotas, donde una lágrima
es una lluvia que se quiebra en el primer albor,
¡y que descanses tu piel en mi espalda,
y me desnudes palabra a palabra!,
en lento caminar de montes, y me hagas sentir ese
hombre, al que tú tanto amas,

¡y que me abraces muy fuerte!,
y te asomes feliz a mis mañanas,
tal vez la vida sea algo que hay que morder.

T de S
MRGC
Namaste