domingo, 14 de julio de 2013

Última hoja quieta

Última hoja quieta

 
Que tus labios,
al borde mismo de mi boca
que dibujes, como si pendieran
de tus dedos los mismos sueños,
como si entreabrieras por vez
primera la ciudad de los recuerdos,
y te bastara cerrar los ojos
para encontrarme a tu lado, amor,

que respires cada vez que te deseo,
que tu mano elija en mi rostro el azar
y nos haga el amor en complicidad, y nos sonría
cuando me miras y nos miramos,
que te acerques a mí cuando supongas,
que confundas mi boca y me silencies,
para morderte al tiempo que caigo en tus cabellos,
para sentir lentamente como te beso y me ahogo,

que tu aliento desnude las lunas de agua cada noche,
agotando mis ansias, pidiendo la libertad para
salir de mi alma, un alma de puertas inmensas
como aquel rastro, ¿recuerdas?,
¡dichoso el árbol que nos sintiera,
cuando sin rumbo cierto fuimos un mañana!

No quiero ser sin haber sido,
los cuatro vientos que desnudan tu cuerpo,
los encuentros quietos en el alba,
la extendida temblorosa piel que tú despiertas en mí,
yo, que me sentí acabar donde empezaban tus espacios,
el cristal imposible de tu profundo cielo,
el ilusorio vuelo que yo temiera
al enamorarme de ti.

Me acechan las paredes,
todo sucede cuando te pienso,
mis libros son un sueño en tu usual y gastado barro,
los fantasmas del deseo me conocen,
soy la mano que sintieras a veces sedienta,
soy esa melancolía menuda y esbelta inspirada en ti,
en el amor que no te tiene pero es aquel,

aquel, como una escultura a la belleza,
esa última hoja quieta pálida de un árbol,
que quisieran tus ojos mirar entre la vaga bruma.

T de S
MRGC
Namaste