martes, 30 de julio de 2013

Ella supo que era

Ella supo que era

 
Lo supo en el preciso instante
en que se quebró su copa de
vino, se entreabrió el cielo, un
deseo perturbó sus labios y sin
conocerle ella, repitió su nombre,
lo supo desde entonces, una sola
voz nació en su sonrisa, un solo
aire se desató en su cama, se sintió
enamorada, le habló a los árboles,
las flores la saludaban a su paso,
la lluvia y el sol se esparcían por su
espalda, se sabía acompañada,

lo supo en las mañanas, su aliento
estaba cargado de violetas, su piel
se estremecía en estrellas, menesteres
del hombre que la sentía, bravía de la
mujer que clamaba en ella, se incendiaba
su reposo, su sangre ya no le pertenecía,
la razón, la soledad, el desvarío, ya nada
tenía sentido salvo, esa voz, ese nombre,
una línea pura que se erigía entre ella
y sus heridas, como una doble caída de
amantes, de a ratos distante y por momentos,
¡por momentos tan vivo!, ella, la dulzura en
sueños que se eleva, él, un poema como dos
alas, sin techos, ni vidrios, ni cercados,

lo supo en las manos, la vida era un río
de inmensidad en sus ojos, se acostumbró
al mar, se asombró del canto de las gaviotas,
cada silbo de su corazón lo encontraba a él,
recostado en su pradera, ella se reconocía
en sus pasos, se decía perdida de luna
pero descubría su porvenir en la arena,
como una sirena se enamoró del ritmo
de las olas, se dolía en las noches, sus
párpados renacían al alba, era una mujer
descalza en su propia niebla, él, un
caballero que habría de secuestrarla de la
rutina, hacia donde la vida derrama con su aroma,

lo supo en la sombra, oscura como piedritas
erizó su piel con su piel su brisa, se llevó
su silencio, le dejó un amor de corona en colores,
un arcoiris desnudo clavado desde su alma hasta
bien entrado el camino, una especie de destino
que confluía en él, ya que de él su rostro, abierto
a esos besos tan secretos como eternamente simples,
y se enredaron sus cabellos, se apagó el crepúsculo,
el mundo se volvió dos, dos tierras desiertas
de una sola flor, dos líneas encadenadas a un ave,
una pertenencia al amor y dos ventanas, rumor
de quiebres y tiempo guardado, relámpagos
errantes, un vacío completo que los deshojaba,
que los habitaba, que los apresaba,

lo supo en sus alas,
naufragó en su tinta, ella era de él.

T de S
MRGC
Namaste