lunes, 8 de julio de 2013

Diálogo sin velo

Diálogo sin velo

Todavía creo que escuchándote
latir encontraré el aliento de
tu asombro, esperaré en apenas
ojos el azul cuando crezca,
cuando merezca,
y en una mirada dialogarás conmigo,
en esta orilla donde estoy al borde
mismo de ti,
rompiendo como un cristal
esta obsesión de vivir soñando.

Mis palabras a menudo callan,
pero mis ojos, mis versos,
mis ingrávidas lágrimas cuando te vas
y cuando llegas,
una y otra vez en el aire
quisiera yo enredarme a tus pies,
y mecer como ayer el árbol de tu
alma que cruza mi pensamiento.

Obreros mis ojos no dejan
de ser veraces,
hacen un nido con tu temblor,
con sus labios frescos te entregan el
corazón y la piel y las derruídas ramas
que sé, tú habrás de cuidar,
como cuida mi amor la niña de bello rostro
que en sueños abrazo por la cintura,
como un manto de noche oscura
que el viento arboleda cuando acaricia.

Si alguna vez he pretendido la armonía,
la encontré en tu boca,
me provocan tus gestos,
el rostro de tu amor cuando me tocas al alba,
la rendida mirada como una flor de madrugada
y los párpados caídos que fluyen sobre mí,
como entregándose y haciéndose silueta,
como una espontánea quietud donde mis
ojos se recuperan, y un grito suave
y profundo e impensando te atraviesa,

y mis ojos desmienten a mis manos,
soy un fugitivo de ti que ha de llegar a ti
como un cazador,
cercano y abierto,
de largos pasos lentos sintiendo en laberinto,
y mirar contigo el río para perdernos en el mismo río,
viendo pasar y pasar nuestros rostros en el agua,
tú, puesta al alcance de mí,
yo, un inclinado silencio en el mismo silencio de sentirte.

Los paisajes acaban por nombrarnos,
aunque ya no seamos,
aunque el destino nos reclame.

T de S
MRGC
Namaste