jueves, 18 de julio de 2013

Al borde del amor

Al borde del amor

 
La distancia en nuestros cuerpos
no es distancia,
es mirarnos al presentirnos,
es desearnos en las caricias,
es besarnos cuando sin ropas el
aliento del amor nos encuentra,
es penetrarnos con las palabras,
es despertarnos enlazados a los sueños,
es un desierto a conquistar,
contemplando la locura que nos derrite,
asesinados en el convite de nuestra eterna entrega.

El sol se mezcla con la lluvia en esta tarde
de invierno en Tandil,
por el cauce de las calles deambula
en racimo el aliento de tus ojos,
¡quisiera que estés aquí acortando los tiempos!,
diluyendo el sonido de mis besos en tu boca,

mientras tanto yo simulo el silencio,
mi alma es inestable ante tu nombre,
¡si partir desesperadamente volando!,
¡si en tus manos el destino,
para oprimirme a ti en reposo asfixiante!,
¡si la oscuridad o el misterio para así poder hallarte!,
y la luz de tu voz,
¡nunca estuvo mi piel más allá de tu piel,
nunca mi amor!

Escucho el viento en danza permanente con las nubes,
navegando como ayer por la calma de los
árboles, desnudando como siempre al aire,
para seguir de nuevo por la indiferencia de las hojas secas,

¡ay princesa, princesa mía!,
eras el amor cuando nada más había,
te encontraba al hablar por el agua, por entre las piedras,
fuiste vez tras vez la cubierta de mis flores,
la extensa certidumbre de mi esencia,
el abrazo de mis roces,
cuando todo era encuentro muy dentro de mí.

Dicen que uno siempre vuelve, ¿será que es verdad?,
solo sé que una noche frente al mar tú me llamaste,
y el paisaje de la luna arrodillada me trajo tu recuerdo,
y el deseo tan despacio como fuego,

¡no sé de palabras, tan sólo que te hallo cada día cuando te pienso!

La distancia no es distancia en nuestros cuerpos,
nos encauza una corriente, sentados tú y yo
al borde del amor.

T de S
MRGC
Namaste