sábado, 8 de junio de 2013

Poesía

En el principio no fui,
y la poesía llegó,
mi voz sin palabras fue viento,
mi silencio una llama vuelta rama
de viejos árboles, de ciegas almas,
allá un día golpeó perdida aquella,
aquella que escribí por vez primera sin querer,
en el principio desgrané en mujer para poder parir,
para ser y palpitar, para atreverme a amar,
semejante a un abismo desatado,

en el principio no tuve manos,
y mis versos fueron el miedo que
me destinó de cierta manera,
miedo a las estrellas mirándome
sorprendidas - ¿quién es esta poesía sin tinta,
de cortos días y eternas noches? - en el
principio los pájaros fueron una sombra confusa,
mis alas una espada desnuda, mi vuelo,
un silbo del mar tranquilo de tempestad,
parecido a la verdad, como una espiga extendida sin rumbo,

en el principio no había mundo,
una larga cinta dorada era toda la novedad en el aire,
el olvido contribuía a la claridad,
a lo lejos, una hoja se mecía voloteando sin nada más,
convaleciente de sol y de luna, en el principio no había dudas,
la boca que besaba besaba, tan sólo eso,
el cielo renacía en su propia vestidura,
la lluvia era jirones, el rocío agujas de vida,
en el principio las heridas,
eran un trébol golpeando el agua sin cesar,

en el principio las campanas tenían una dulce mirada,
las piedras ausentes de nubes coronaban las
calles de mis libros, ¡mis libros!,
los que recorro como el torrente primerizo de un río,
los que me redimen de cada camino no caminado,
en el principio no tuve pasos, ni regazo, ni sueños, ni razón,
¡no fui más que sangre en un corazón y una poesía latiendo!,
en el principio no vi el mar desde el sendero,
cargué sobre mis hombros la simple excusa de ser, y fui
sencillo en un sólo verso, un hombre mismo cayendo y nacido,

en el principio no tuve nombre,
fui conmigo y mi abandono, mi poesía persistía apasionada,
en el principio no tuve nada, y quizá por ello fui verdaderamente yo.

T de S
MRGC
Namaste