domingo, 9 de junio de 2013

Mi lluvia en las manos

Mi compañera errante de lágrimas,
cuando los caminos son eternos
a por un beso de tus labios, mi
bien amado rocío, ese agua rodando
y cayendo como un amanecer
que no tiene ni principio ni fin,

mi aire al sentirte cerca, como una
pradera que juntos, desde tus
cabellos hasta mis ropas por el
suelo, mi lluvia hasta ser sólo tú,
las piedras que castigas sin piedad,
una simple verdad, tú y yo amándonos para siempre,

mi cuerpo esperándote, siendo fuego y
silencio, para poder amarte y no dejar de
amarte nunca, cerrando tus sueños a mis ojos,
fluyendo en tu sangre como lluvia, a veces siento que tu
corazón deja en mi pecho vastos espejos, para que te
reflejes una vez y otra vez y otra vez,

preso de ansiedad te dedico una a una,
las hojas temblorosas cargadas de lluvia de ese árbol,
de ese sentimiento desconocido que se debate ante el viento,
¡mi boca vibra al definirte como mujer, porque no lo eres,
tú sientes el amor de una manera diferente, te vistes de agua
desgranada en humildad, la verdad, un nacer de veras entre las espinas!,

mi lluvia conocida, mi palpar lento de mi voz,
el madero que sabe a puro confundido en mis ojos,
el paisaje de tu piel entre mi rostro y mis raíces,
¡ya no sé que decirte salvo que TE AMO!, como se ama la hierba
recién cortada ante las estrellas,
como ese canto de cigarra que propicia el poema mío,

mi río de palabras, tu lluvia,
ignoro como te llamas pero te vuelves casi invisible,
callada y sensible, como un tronco que espera en la mitad desolada
de la arena, así tu lluvia y mi río de palabras,
una caída letarga de una fuente,
una detenida frescura repartida,

¡rasgué mis vestiduras y sentí que mi poesía eras tú,
tú, mi poesía sin más, tú, mi vida!,
mi lluvia en las manos.

T de S
MRGC
Namaste