viernes, 14 de junio de 2013

Perdido en el paraíso

Habitando la isla de sus sueños,
rebautizando el color de las
rocas, el vuelo de las gaviotas
y algún que otro sendero,
¡aislarse para escribir!
un gran libro natural, una costa
salvaje suelta a la pasión de su
palabra, ¡se entrega a un nuevo
canto cuando te ama!,
¡cuando sus alas!,

a veces llueve, cuando su soledad
se vuelve como un castillo de arena,
por vez primera siente una puntada
en el pecho cuando repite tu nombre,
¡perdido se ha vuelto hombre!,
con aroma a invierno, con manos
de incienso que vagan por el aire
dibujando paisajes, como un velero
encallado en la puerta de su puerto,
envuelto en silencios, ¡el paraíso le
vende el sitio de una cabaña de piedras!,

las estrellas en lo alto,
un viejo árbol crece en la orilla,
el poeta se para sobre sus pies aún cansado,
una vaga sierra sin techo le recuerda su infancia,
el poeta se siente desordenado, pequeño,
secreto, como ausente de todos lados
y sin embargo, espejo,
frente a su ventana descansa el oleaje rompiente,
su cama de arena, su piel rocosa se enfrenta a sus ojos,
su rostro asevera que el poeta siempre estuvo ahí,
como un barco de ensueño dentro de una botella,

así su poema, una botella arrojada al mar,
una viga de bar guardando las copas que no
descansan, las hadas de otros poetas que albergan
su espacio cuando dispone a crear,

¡me han dicho que estás aquí!,
¡que de otros sitios a tu lugar!,
¡que tu sueño aún es naufragar!,
¡que te pusieron una cruz para que no te
confundan con algunos viles, que los hay por todos lados,
no sé si hoy más que ayer, tú lo sabes, yo lo sé!,

a Don Pablo Neruda perdido en el paraíso,
¡suele el mar apiadarse de algunos soñadores!

T de S
MRGC
Namaste