sábado, 8 de junio de 2013

Aquella

Divido la fruta de la hierba
empujado por tu amor,
tu cuerpo encierra mis ojos sedientos,
de tanto mirarte lleno de ti,
me tienes, me amas, soy por ti
el ocaso que persigue mi alma,
cayendo más allá de mi silencio,

creo en las ruinas, en las astillas
que graban los pasos en el corazón,
me estiro hacia el viento que recibe mi siembra,
como la luz de las estrellas te amarras a mí,
mis alas te envuelven,
me besas y naufragas infinita, tus ojos plenos son
como una inmensa ola, como un mar tempestuoso cuando tiemblas en mí,

entre tú y yo de par en par las ventanas,
como un pescador de azafrán sonando en campanas
estridentes y suaves, porque una vez el camino nos volvemos fuego,
¡un sueño viajero por las calles que en ti se repite!,
¡me esperaba en ti y me encontré!,
¡desgarremos la vida que pasa vibrando!, ¡seamos uno,
como uno el vuelo de nuestro vuelo salvaje!,

el paisaje es mi tiempo sin melancolía,
he tirado ya lejos el agua amarga que una vez me entristeció,
¡eres mi rocío de amor!, ¡escribo con tu tinta la razón de mi ser!,
¡aguardaba por ti, mujer, por tu sencilla piel, por tu brizna,
por la poesía de mis palabras que llegan con tus besos, por ti,
casual sendero naciendo de mi costado!, una a una tus manos y
mis manos, como pequeñas piedrecitas destinadas a mí,

eres mía, reposas mientras giras,
me amas y me olvidas, ¡ninguna mujer jamás me ha hecho sentir así!,
así, devanando mi destino en un siempre sol, en una siempre luna,
así, queriendo saber sin hablar, aprendiéndome a amar en
una aspiración de la tibieza,
soy tuyo y palpito en tus noches,
en tu boca yo he de terminar, saliéndome del camino,

¡no esperaré más al amor sin que tú estés!,
en tu pasión me siento libre de prisión, completo y compartido,
divido la rosa de las praderas alentado por tu amor,
¡tú eres aquella a quien amo!

T de S
MRGC
Namaste